LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Sanidad colapsada

21/09/2020

La pandemia ha traído consigo, no solo la muerte y los contagios, sino también el colapso del sistema sanitario español, cuya gestión corresponde a las comunidades autónomas, lastrado de por sí por los recortes que se habían registrado con la anterior crisis económica. Una de las consecuencias, aparte de incrementar de forma exponencial los gastos y de haber hecho desaparecer o retrasar como por arte de magia el tratamiento de otras patologías que, dicho sea de paso, se siguen produciendo para desgracia de los pacientes.
El problema no repercute en la misma medida en todas las autonomías, pero el conjunto está absorbido por la llegada del coronavirus que no ha dejado apenas tregua después de un largo confinamiento de tres meses que lo frenó con daños colaterales en la economía, cuyas perspectivas son muy pesimistas, con el cierre de negocios, principalmente vinculados con la hostelería y el turismo.
Puede que la sociedad, a la que no se le ha dado la oportunidad de que conociera la realidad con toda su crudeza, haya bajado la guardia y se haya confiado en que el virus estaba vencido, relajando las precauciones, incluso uniéndose al negacionismo y celebrando actos sociales o familiares que, como se ha visto en las investigaciones posteriores, han sido los núcleos de muchos focos, junto a otras actividades de ocio, principalmente entre los más jóvenes, pero también debería de haber dado tiempo para que las administraciones se organizaran adecuadamente a la llegada de esta segunda oleada y no caer en la actual imprevisión.
Después de que el Gobierno central, con un Ministerio de Sanidad vacío de competencias, traspasara el control a las autonomías, terminado el estado de alarma de forma anticipada, ha habido comunidades que han trabajado seriamente y otras, como Madrid, que no ha dado ejemplo de ello, convirtiéndose en un foco importante, con datos alarmantes, y dando vaivenes en cuanto a medidas a tomar. El problema no es solo de la capital sino que, por razones de trabajo, estudio o de segundas residencias, se origina una movilidad de entrada y salida que afecta a otros territorios que han sido duramente afectados. Por medios y presupuestos, esta Comunidad debería haber tenido un comportamiento ejemplar en cuanto al control del virus, comenzando por contar con los equipos suficientes de investigación de los casos, para proceder al aislamiento de los contagios, llegado el caso, y levantar un muro a la propagación. Las cifras, en este momento, dan miedo y nos colocan en una gran incertidumbre, también en la cruda realidad: esto no ha acabado.
Y mientras nos encontramos con una atención primaria a la que ya se le han saltado las costuras, con profesionales pasados de horas de trabajo, militares ayudando en los rastreos, atención telefónica a pacientes y consultorios cerrados, a la par que se van llenando de nuevo UCI,s y camas hospitalarias. Confiemos en que quien haya gestionado bien pueda ayudar a bajar la incidencia de la Covid-19 y que no triunfe el descontrol y la falta de previsión de otros ejemplos más escandalosos, hasta alcanzar el contagio comunitario, que quizá deberían de llevar aparejada alguna dimisión, porque una autonomía no es un virreinato con murallas defensivas sino que la onda expansiva del coronavirus llega a los demás, no conoce fronteras. 



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