UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Investidura

Ahí lo tenemos finalmente: un debate de investidura de pronóstico muy incierto en cuanto a su resultado final, pero, salvo novedades de última hora, con perspectivas nada favorables en cuanto a que consiga el objetivo para el que está establecido, que es el otorgamiento de confianza a un candidato a Presidente del Gobierno. Y es bien sabido que el riesgo, de prolongarse la situación durante dos meses a partir de que se celebre la primera votación, no es otro que la repetición de elecciones allá por el mes de noviembre, eventualidad que merece una seria reflexión.
Desde el punto de vista político, en sentido estricto, las consecuencias están más o menos evaluadas; aumentaría la abstención, mejoraría algo el partido que esté más próximo a poder formar gobierno, en este caso el PSOE, y sufriría algún castigo electoral aquél o aquellos que aparezcan como los principales culpables del bloqueo (y digo los principales, porque lo que se dice culpables aparecerían todos, en mayor o menor medida). La cuestión es si los daños colaterales de una repetición electoral se quedarían ahí, en el terreno político, con el riesgo añadido de que el resultado no difiera mucho del anterior y los problemas vuelvan a plantearse de la misma manera.
Yo creo que los daños serían mucho mayores y más de fondo. Afectarían a la psicología colectiva en términos de desánimo, aumentaría peligrosamente la desafección a los agentes políticos, y en última instancia al propio sistema, incapaz de resolver el impasse una vez que los ciudadanos ya se pronunciaron, la imagen de país que repite otra vez un vacío y un bloqueo del que ya hay experiencia desde 2015 se haría más negativa por la reiteración, etc. En fin, que lo peor estaría en el destrozo social: una sociedad confusa, pesimista y desconfiada, un poco más distanciada de la clase política que no hace mucho eligió para que buscara la manera de formar un gobierno con cierta estabilidad y con cierto margen de tomar decisiones. 
Y téngase bien en cuenta que estos destrozos no son fáciles de curar porque tienen onda expansiva: lo tocan todo, también la economía, que, aunque tenga parte de funcionamiento autónomo, no combina bien con la incertidumbre ni con la paralización. Así que, esperemos aún un rayo de luz, incluso en forma de milagro.


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