CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Ni fuera ni dentro

29/07/2020

Sufrimos un semiconfinamiento no declarado porque se asemeja a los tres meses en los que solo se podía salir de casa para ir al super o la farmacia o pasear al perro. Por cierto, dicen las asociaciones de acogida de animales que el abandono de mascotas, una vez finalizado el confinamiento, alcanza cifras escandalosas. Los españoles somos ejemplares en muchas cosas, pero en otras mostramos un comportamiento que merecería castigo, un escarmiento.

La mascarilla es obligatoria ya en casi toda España, cada vez se incrementan más las condiciones para acudir a un lugar público y desde todas las instancias se aconseja renunciar a las reuniones familiares con más de seis o siete personas. Es decir, que sin decreto gubernamental ni estado de alarma, nos vemos obligados otra vez a refugiarnos entre las cuatro paredes de nuestro domicilio y dedicarnos a leer, escribir, hablar por teléfono y ver la tele. Como antes, como sucedió a partir de marzo y se prolongó hasta junio.

Impensable viajar fuera de España. El riesgo a quedarse colgados sin posibilidad de retorno por la cancelación de vuelos o imposición de cuarentenas obliga a pensárselo mucho antes de buscar otros paisajes y paisanajes. Todos tenemos familiares y amigos con billetes comprados para pasar las vacaciones en España y no pueden venir, y esa situación tiene su viceversa. No solo nos quedamos sin turistas, una tragedia desde el punto de vista económico y laboral, sino también sin la visita anual de los familiares y amigos que residen fuera de España. Boris Johnson, que está gestionando la lucha del coronavirus peor todavía que Pedro Sáchez, que ya es decir, justifica su decisión de prohibir los desplazamientos a España con el argumento de que hay que fomentar la economía nacional pasando las vacaciones en el país propio, en el Reino Unido. No se le pasa por la cabeza que los británicos vienen a España no solo porque es un gran país con gente acogedora, sino porque disfrutan de un sol que nunca se ve por sus propios lares. En cuanto a nuestros lares, también nos están vedados a los españoles, porque ya hay gobiernos autonómicos que exigen a los foráneos de otras regiones a inscribirse cuando llegan a su tierra y alguno baraja ya la posibilidad de que muestren el certificado de que se han hecho la prueba del covid y no están afectados.

Aparte de la preocupante situación sanitaria y económica, porque las cifras de paro están disparadas y se van a incrementar más, este verano es raro e inquietante: ni se puede salir de España ni es fácil moverse sin salirse de las fronteras. Ni se pueden hacer planes para irse fuera, ni tampoco para quedarse dentro. Además, no se verán las habituales figuras de extranjeros torrados por el sol y buscando dónde tomar una buena paella. Lo dicho: verano raro raro raro. Y muy angustioso cuando se piensa en el futuro.



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