LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Con la muerte en los talones

04/09/2020

En los últimos meses hemos vivido una tensión permanente entre la libertad individual y la responsabilidad colectiva. Este debate no ha sido del todo resuelto, porque las dictaduras zanjan de un plumazo la pretendida discusión; para ellos no existe la polémica ya que el individuo es solo una pieza de un colectivo. Alguien más despierto podría decir que es una estrategia para ocultar el poder omnipresente del líder, el único que puede guiar correctamente al país. Resulta inquietante que solo una persona pueda definir el futuro de una nación. La fortaleza de las democracias reside en que nadie es indispensable.

Los países occidentales han apostado por líderes mercurios cuyo activo es su capacidad para no matizar y exigir una lealtad absoluta a su persona. Basta con averiguar quién es su asesor de relaciones públicas, para saber lo lejos que está la gestión del gobierno de la realidad. Las redes sociales, el control de los medios de comunicación son su único objetivo al ser políticos sin experiencia real de gobierno que solo valoran el sonido de su voz o su imagen apolínea en el espejo.

Desgraciadamente la crisis que vivimos es tan brutal que solo los principios reales nos van a salvar. El Estado no puede ni debe garantizar una tasa de infectados cero. En una pandemia, ese nivel de éxito es imposible, ya que lo único exigible es poseer un sistema sanitario que evite el colapso. En este punto, el baremo se ha reducido tanto que esperamos que los hospitales se centren solo en una actividad. Países más exigentes se están preguntando cuánta gente va a morir prematuramente por cáncer al no haberse realizado las pruebas de análisis que habría evitado un estado avanzado de metástasis.

A estas alturas, habría sido más inteligente proteger a toda costa a los miembros del sistema sanitario; aunque la música del DUO DINÁMICO a las ocho era pegadiza. Es pronto para saber si Suecia ha acertado con su política, pero sí que podemos decir que Gran Bretaña y España fallaron en la detección del problema, en los medios para mitigarla y no pensaron en la estrategia de salida.

Una sociedad libre necesita individuos responsables que puedan tomar decisiones sobre sus acciones. Ambos países han construido un modelo político en donde el ciudadano renuncia a la libertad por seguridad. Los soviéticos descubrieron que era el camino a la pobreza.



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