Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


Algo se mueve

La estabilidad parece haberse hecho un hueco en las principales instituciones, por fin, después de muchos meses de incertidumbres. Decir que se ha afianzado sería excesivo, pero hay que reconocer que el escenario no es hoy el mismo que hace, por ejemplo, seis meses. No ha sido un camino fácil. Además de tener que pasar dos veces por las urnas para poder formar un Gobierno en España, para conseguirla en los ámbitos locales y autonómico también ha sido preciso que pasara un periodo razonable para el necesario –y sobre todo deseable– encaje de las piezas. Porque, agrade o no, muchos gobiernos ya no son monocolor. Ha llegado la necesidad de pactar y al igual que en Madrid vimos formarse hace pocas semanas el primer Gobierno nacional de coalición de la España democrática entre el PSOE y Podemos, en Castilla y León ya son siete los meses de gestión conjunta y supuestamente solidaria entre el Partido Popular y Ciudadanos.
Este nuevo escenario, sin duda apasionante y del que deberemos extraer conclusiones cuando llegue el momento, nos obliga a todos a ampliar el campo de visión. Y donde antes bastaba –o casi– con poner la lupa sobre dos partidos, ahora hay que afinar la vista sobre cuatro, como mínimo. Por tanto, si antes interesaba de manera especial la vida interna de dos partidos, de ahora en adelante y por el tiempo que los ciudadanos estimen conveniente, ese ojo va a tener que estar atento a más frentes. Y así, en este arranque de ciclo político postnavideño se están visualizando movimientos, algunos todavía no demasiado visibles, a los que habrá que poner mucha atención. Desde la encomienda de Pedro Sánchez a Javier Izquierdo para que sea la voz del Gobierno en Castilla y León hasta ver cómo acaba la batalla que Francisco Igea libra en el seno de Ciudadanos frente a Inés Arrimadas, un clon orgánico de Albert Rivera con microscópicas diferencias de estrategia. La evolución de ambos asuntos no resultará trivial para el futuro político y, por tanto, institucional en Castilla y León. Entre tanto, en el PP miran de reojo a Cs, pero también hacia dentro, con un Feijóo en rebeldía que no quiere ser un barón del montón y que proclama que no será rehén de ningún partido, ni siquiera del suyo. ¿Despertará el gallego a los compañeros de partido en Castilla y León que recelan de Casado y su núcleo duro? Veremos qué ocurre a partir de abril. ¿Y Podemos? En Castilla y León, por ahora, está fuera del campo de visión. Quizá lo mejor que le puede pasar.