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Rafael Monje

DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Los tiempos cambian, también en turismo

05/09/2021

Castilla y León acaba de renovar su apuesta por el liderazgo del turismo rural en España. Y lo ha hecho en un momento oportuno, justo cuando termina la campaña de verano (julio y agosto) y arranca un nuevo periodo que da paso a los llamados ‘meses valle’. La escenificación de ese compromiso, en el contexto de un foro de turismo que ha podido seguirse también por vía online durante dos jornadas a principios de semana, muestra con hechos ese intento loable de la Comunidad por seguir a la cabeza del número de viajeros que opta por el interior del territorio nacional en lugar de escaparse al habitual destino de sol y playa u otros urbanos. Antes de la pandemia, en 2019, la Comunidad sumó 824.537 viajeros, muy por delante de la segunda región, Cataluña (503.782). Un volumen que corrobora un dato no menor como es el referido a las pernoctaciones, en el que Castilla y León también ejerce ese liderazgo nacional, seguida en este caso por Andalucía. 
Podría decirse entonces que el camino está más que desbrozado, pero lo cierto es que no es así. Porque si algo ha traído consigo el escenario sanitario de la covid-19 es la necesidad de adaptar el modelo turístico a los nuevos tiempos, afianzando las fortalezas y reduciendo las debilidades, a no ser que nos dejemos llevar por la indolencia o el desasosiego. Por suerte no parece ésta la senda elegida por el equipo que asume las riendas del Turismo regional y a cuyo frente está la zamorana Estrella Torrecilla. Quizá alguien piense que peco de terruño o de generosidad personal en el comentario, pero no es así. Sólo me baso en los hechos y en la lectura empírica que aportan los números a cualquier análisis, a sabiendas de que la región tiene frentes inexcusables que atender y con urgencia. 
Y esa parte de la balanza, la de los retos, es la que me dispongo abordar a renglón seguido. Lo dicen los expertos: si utilizamos el indicador del número de pernoctaciones de que es capaz de generar una unidad de alojamiento, Castilla y León pasaría al decimocuarto puesto. Un dato preocupante, también irrefutable, que revela esa debilidad del turismo regional que, sin dilaciones, debe corregir para no apearse del tren de la competitividad. Como en muchos órdenes de la vida, la clave, o al menos una de las más imprescindibles, reside en la innovación y en la especialización, tanto de las propias empresas como de sus trabajadores. Insisto, lo ponen de manifiesto los analistas, quienes coinciden en subrayar esta debilidad de Castilla y León, con niveles muy por debajo de otras regiones de interior. 
De hecho, las conclusiones del estudio que se ha dado a conocer en la citada doble jornada animan claramente a tomarnos muy en serio la necesidad de invertir todos los esfuerzos en la especialización del tejido empresarial del este trascendental sector, mediante la innovación en los procesos de gestión, en productos y servicios, sin olvidar las estrategias de comercialización y marketing. Mientras que, con respecto a los trabajadores, los esfuerzos deben ir dirigidos a la formación, la colaboración y el emprendimiento. Todo ello con ese objetivo de llevar a buen puerto el crecimiento inteligente del turismo rural y, así, lograr el deseado incremento en el grado de ocupación de los alojamientos.  
Dicho de otra manera, tenemos que mirar también de tú a tú a los mercados emisores internacionales, más proclives al viajar fuera de temporada, usando de manera segmentada las herramientas del marketing digital. Mucho hay que decir a este respecto, pero al menos las claves pasan por trasladar mensajes y propuestas inspiradoras, facilitando experiencias personales, únicas, diferentes y que respondan a las exigencias del nuevo turista postcovid. Ya no sirve hacer la guerra cada uno por su cuenta si queremos seguir liderando el turismo rural. Los tiempos mandan y el primer encargo es la colaboración público-privada. Algo que, a tenor de lo escuchado en las jornadas, está encima de la mesa.