TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Eterno

No sé si el gran público está preparado para encajar estas cosas, señores del Barça… «Neymar siempre será una opción», decía Abidal en la prensa catalana. Y vuelta la burra al trigo, ese refrán con el que nuestros abuelos identificaban al pesado que regresaba a un tema que ya estaba zanjado…

Pues no, lo de Neymar y el Barcelona jamás va a zanjarse. La famosa eternidad descrita por Woody Allen («Se hace larga, sobre todo al final», escribió) es un visto y no visto al lado del tejemaneje que se traen entre manos futbolista y club. Iba a ser este verano. Luego este invierno. Luego junio de 2020. Luego enero. Cuando se vaya Messi. Cuando salga Mbappé. Cuando…

Pedro y el lobo. Más de sabiduría popular: el pastor bromista que engañaba a otros pastores y se reía de ellos, ¿recuerdan? Pues cuando el lobo apareció de verdad, nadie creyó en sus gritos de auxilio y perdió a todas las ovejas. «¡Que viene Neymar!» es ya un mensaje vacío (Más incluso que el «se queda» de Piqué del 23 de julio de 2017). Y si finalmente «viene», igual ya no hace ni ilusión… Porque, ¿cuál es el peso específico de un mensaje? ¿Su verdadero valor? Si hiciésemos una encuesta, la credibilidad del mismo sería lo más votado. Hoy por hoy ya nadie (ni Abidal) se lo cree.

Por otra parte, el fútbol moderno necesita venderse constantemente. Generar ilusión incluso en época de relativa bonanza. Meter ruido y llamar la atención, como si le dedicásemos poca. Una especie de gigantesco niño mimado en permanente movimiento: ya no hay que esperar a verano para hablar de fichajes, porque cualquier momento del año (aquello de respetar a los equipos rivales y los contratos en vigor forma parte del pasado, por lo visto) es válido para que nos cuelen otra trola.