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Laura Álvaro

Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


'Back to work'

05/06/2021

Hace más o menos unas 16 semanas, empleaba estas líneas para dar la bienvenida a Martina. Parece que fue ayer, pero no, mi pequeña tiene ya tres meses y medio y, según dicta la regulación del permiso de maternidad, por lo visto es hora de darle alas para que vuele sola, sin su mamá al lado. Cuestionar la duración del permiso maternal no es algo nuevo. Pero, sin duda, este año está más en boca de todos que nunca, dada la nueva regulación dirigida a los padres, que les otorga las mismas semanas de las que hasta ahora disfrutábamos en exclusiva las madres. Pero vayamos por partes. Antes de comenzar a comparar ambos permisos, detengámonos en analizar la realidad de un bebé con 16 semanas.
Dice la OMS que la mejor opción para alimentar a un recién nacido es la lactancia materna exclusiva, y que esta debe de ser mantenida durante, al menos, los primeros seis meses de vida. Y yo, obediente, no quiero otra cosa nada más que cumplir con los preceptos dictados por esta entidad. No obstante, la cosa se complica con la incorporación laboral de la madre. Yo soy una privilegiada, ya que la idiosincrasia de mi puesto de trabajo facilita la conciliación. Y, aún así, este reto va a suponer toda una gymkana de sacaleches y carreras de vuelta a casa. No me quiero imaginar lo que representará para esas madres que tengan que pasar 9- 10 horas lejos de sus bebés recién nacidos. Podemos hablar también de la exterogestación, es decir, los nueve meses posteriores al parto en los que el recién nacido sigue necesitando a su mamá casi tanto como cuando todavía estaba dentro del útero. Durante ese periodo, el bebé sigue requiriendo la protección, el calor y el confort que ha sentido durante el embarazo. Pero, ¿cómo proporcionárselo sin una presencia constante de la madre?
Desde luego, no es difícil concluir que estas 16 semanas son escasas, y que realmente habría que garantizar, al menos, los seis meses que facilitaran la lactancia materna exclusiva. Sin embargo, creo que el hecho de que los permisos se hayan igualado entre ambos progenitores sí es un gran avance. Ya hemos hablado en alguna ocasión de la importancia de los trabajos de cuidados, sean estos remunerados o no. E implicar al tejido empresarial en los mismos -obligándoles a facilitar a sus trabajadoras y trabajadores esas 16 semanas- es un paso al frente fundamental. También, dicen, es un paso más hacia la igualdad laboral entre hombres y mujeres, ya que maternar dejará de suponer un motivo de discriminación. A este respecto, yo soy más pesimista… Mucho tendría que cambiar la distribución de roles para que fueran los padres los que optaran por excedencias y reducciones de jornada. No obstante, desde luego, es una apuesta en firme por ello. 
El embarazo y la crianza son, sin lugar a duda, firmes pilares sobre los que se asienta la humanidad. Y no solo desde la perspectiva de la supervivencia de la especie, sino que también establece sólidos criterios de orden social. Durante demasiado tiempo, la maternidad ha estado relegada al espacio privado. Sin embargo, parece que poco a poco va ocupando el lugar que le corresponde, ya que maternar no es un asunto exclusivo de las familias, sino que es una responsabilidad para afrontar de manera colectiva, y con una legislación a favor. Lo personal es político, y no hay nada más personal que el surgimiento de una nueva vida.