CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


¿Otra vez urnas?

Topamos este jueves por la tarde con un tweet del presidente del Gobierno en funciones cuya lectura nos empuja a reconocer las señales que apuntan hacia una repetición electoral: 
"He llamado a Pablo Iglesias para negociar primero el programa y después la composición del Gobierno. Debemos hablar de contenidos y conocer el grado de consenso. Lamentablemente, ha rechazado la propuesta. Seguiremos intentándolo". 
Ignoro si, tras una eventual ruptura con Podemos, nos aguarda la vuelta a las urnas. Sería la cuarta vez en cuatro años. Pero sí gana terreno la incómoda sensación de que, deliberadamente o no, se están creando las condiciones para que resulte inevitable. De otro modo no se explica que setenta y cinco días después de las elecciones y cinco encuentros de Sánchez con Iglesias (salvo error u omisión), no se haya superado el preámbulo básico en cualquier trato: el quién o el qué. 
¿A estas alturas discuten si han de hablar primero de programas y luego de cargos o al revés? ¿Ahora descubre Sánchez que Iglesias no hace ascos al derecho de autodeterminación o que ve presos políticos donde otros vemos políticos presos como consecuencia de un desafío al orden institucional? 
Marear esa perdiz tendría sentido si la alternativa de un pacto PSOE-Cs (180 diputados) estuviera latente, a la espera de un relato sobrevenido que, en nombre de la razón de Estado y los intereses generales, acogiera en su lógica argumental una caída del caballo de Rivera. Algo que pudiera justificar una repentina entrada en razón a instancias de sus más juiciosos dirigentes, de las fuerzas económicas del país y, sobre todo, de un amplísimo sector de la ciudadanía que reclama la formación de un Gobierno estable y adherido a la defensa del orden legal. 
Pero Rivera no se apea de su insensato veto al PSOE. Y no parece que vaya a ser derrocado como líder de su partido. Tampoco Sánchez se muestra dispuesto a atraer a Cs, con el que limita por la derecha. Ni un dedo ha movido hasta ahora por ganarse a Rivera para la causa de la gobernabilidad, más allá de pedirle que no obstaculice la investidura. 
Con Podemos, no, por su falta de compromiso con la razón de Estado (Cataluña, Monarquía, régimen del 78...), aunque espera su apoyo a cambio de unos flecos de la moqueta. Y con Cs, tampoco, porque ha decidido autoexcluirse de la gobernabilidad con su irresponsable veto al PSOE. 
O sea, que desde Moncloa se dificulta la reconstrucción de una mayoría a partir del socio preferente y, al tiempo, se resigna sin más a la espantada de Ciudadanos. ¿No es eso crear las condiciones de una vuelta a las urnas, alimentadas por sondeos anunciadores de una buena cosecha para las siglas del partido de Sánchez?


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