PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Credibilidad y confianza

Hace muchos años estudié la obra de Jim Kouzes y Barry Posner, profesores de liderazgo en la Universidad de Santa Clara (Silicon Valley, California) y autores de muchas publicaciones sobre el tema. En su libro: ‘Credibilidad: como la obtienen y la pierden los líderes y por qué la exigen las personas’, identifican la credibilidad («haz lo que dices que vas a hacer») como la clave para lograr un liderazgo efectivo, afirmando que «el liderazgo es una relación de conducción hacia el futuro con la confianza como piedra angular, porque si no creemos al mensajero, no creeremos el mensaje». Proponen siete comportamientos para mejorar la credibilidad de los líderes; dos me parecen los más importantes: comunicar de forma clara y consistente (un líder no puede variar arbitrariamente su discurso) y demostrar integridad (actuar conforme a los valores que se pregonan).
En una sociedad libre elegimos seguir a líderes que deseamos sean honestos y competentes. Creemos que actuarán de manera adecuada (la confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del líder) y que serán personas confiables (queremos creer que su palabra es sagrada y que tienen los conocimientos y las aptitudes necesarias para conducir un grupo).
La confianza puede reforzarse o debilitarse de acuerdo a las acciones de la otra persona. ¿Qué ocurre cuando se desmorona? El reciente comportamiento de los líderes de los partidos ha sido proclive al desencanto ciudadano. La lucha por los sillones olvidando promesas expuestas en el periodo electoral, el chalaneo de intercambio entre territorios (me votas aquí y yo te voto allí) y el intercambio de prebendas (y no digamos el turnarse en los puestos para asegurarse cuotas de poder más que para servir mejor a los ciudadanos) no ayuda a dignificar la labor de los políticos y degrada aún más su imagen. ¿Cuántas personas están de acuerdo con el uso que su líder ha hecho de su voto? ¿Cuántas personas se sienten traicionadas por el partido al que han votado? ¿Cuántas personas mantendrán la ilusión para ir a votar en las próximas elecciones? La pérdida de confianza en un líder puede significar el fin de la relación con el partido. Nietzsche lo expresó acertadamente al escribir que «no me molesta que me hayas mentido, me molesta que a partir de ahora no pueda creerte». Confiar en alguien es difícil; saber en quien confiar lo es aún más.
Un partido político tiene difícil volver a ganarse la confianza de sus votantes, pero no es imposible. Puede lograrse con un cambio en la conducta de sus líderes. En mi opinión, lo primero es admitir el error (si quieres recuperar la confianza, tienes que asumir que te has equivocado y que la culpa es tuya, al menos parcialmente), hablar de lo que te llevó a cometer el error (puede que tus votantes te perdonen e incluso que te comprendan), ser humilde (no te pongas a la defensiva), tener paciencia (deja pasar el tiempo para que tus votantes vean los cambios y que las heridas vayan cicatrizando), hacer cambios (públicos y notorios, quizá el primero es que dimitas), recuperar la comunicación (mensajes claros), no mentir (se necesita mucho tiempo para construir una reputación y muy poco para destrozarla), no cometer el mismo error otra vez (si lo repites, jamás recuperarás la credibilidad) y, por último, hacer un esfuerzo por entender a tu equipo (valora sus opiniones y diversidad y cree en su talento).
No parece muy difícil. ¿Lo veremos? Lo dudo.


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