COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La campaña electoral más extraña

La campaña electoral que terminó anoche para dar paso a la jornada de reflexión, entendida en sentido amplio, es decir, desde el pasado mes de julio o en el mejor de los casos desde el de septiembre cuando se firmó la convocatoria de nuevas elecciones, ha sido de las más extrañas a las que se ha asistido desde la recuperación de la democracia, solo superada por aquellas en la que la presencia del terrorismo sobrevolaba toda la vida política nacional.

Dado que para las anteriores elecciones se había confeccionado un programa electoral que nadie pudo aplicar, se ha realizado un maquillaje, se les ha dado unos retoques y sobre todo no se ha hablado de ellos en ningún momento, salvo las propuestas apuntadas a la carrera durante el debate electoral. Porque la campaña iba de ver como se ganaban votos para salir del bloqueo político que impone la presencia de dos bloques bien definidos y el papel que podrían desempeñar los partidos independentistas catalanes.

Lejos de despejarse esa incógnita, la sensación de que el bloqueo permanecerá y se acentuará es más que evidente. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, que no entendió el mensaje de la ciudadanía tras las elecciones del 28-A, se lanzó a la nueva carrera con la finalidad de que la ciudadanía “hablara más claro” y conseguir un mayor apoyo para su pretensión de un gobierno en solitario. No parece que la respuesta que escuche será la que deseaba.

Los días previos al inicio oficial de la campaña electoral han estado marcadas por dos hechos excepcionales: la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco y la sentencia del procés. Uno ha tenido un impacto neutro para el PSOE, cuando no negativo y positivo para sus oponentes. El día histórico no fue compartido por la izquierda que acusó al Gobierno de electoralismo y dio gasolina a la extrema derecha. El segundo asunto ha sido el que ha actuado como determinante de toda la campaña. Cataluña tras la sentencia del procés. El Gobierno ha aplicado un tratamiento de moderación a la situación creada que no ha ido acompañada de la lealtad por parte de los partidos conservadores siempre inclinados a resolver todos los problemas mediante la mano dura y mostrando lealtad. El independentismo hacía oposiciones para que se aplicara para embarrar más el campo.    

El PP ha pasado por unas perspectivas de más a menos y le ha salido un nuevo competidor después de haberse librado del sorpasso de Ciudadanos. Al PP en esta ocasión solo le puede ir bien después de partir del suelo más bajo en toda su historia, pero Vox le puede aguar la fiesta y no permitirle alcanzar los 100 escaños que son su meta. Pablo Casado puede verse en una tesitura poco deseable para él, que ya ha comenzado a practicar, la de convertirse en el Pedro Sánchez del “no es no” que imposibilite el desbloqueo y la formación de gobierno. Pero después de pregonar que no facilitará la investidura de Sánchez puede verse obligado a ello. Que lo haga con más o menos dramatismo dependerá de su responsabilidad.

Mientras, Ciudadanos ha jugado la baza del desbloqueo, pero para ser eficaz debe obtener unos resultados electorales tan altos que nadie los prevé en la última parte de la campaña, y Unidas Podemos ha logrado recuperar peso, taponar la vía de agua de Más País y dejarle claro a Sánchez que hay gobierno de coalición o no habrá nada.

Y entre todos estos aspavientos, Vox sale indemne, reforzado y condicionando al PP y a Ciudadanos a que les siga en sus planteamientos más populistas.



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