LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Conciencia crítica

04/01/2021

Aunque los humanos tienen gran capacidad para superar las desgracias, incluso los psicólogos ya advierten que no les ocurra todo lo que pueden soportar, si se hace un balance del año que se acaba de cerrar, sobre todo de los últimos nueve meses, evocaremos una situación extraordinariamente dramática con el inicio de la primavera, debido a la pandemia de la COVID-19, que no se ha ido atenuando en cuanto a víctimas en una segunda oleada, tras un largo confinamiento pero que, en cierta manera, la costumbre pone de relieve que la situación se va descafeinando, principalmente porque se han registrado menos ingresos hospitalarios y las UCI han contado con una ocupación más baja. Los fallecidos solo son cifras, por desgracia.
Eso no quita para que haya muchas personas que, debido al sufrimiento, aunque no se hayan visto afectados directamente, estén arrastrando daños psicológicos que serán difíciles de superar en el tiempo, como los efectos secundarios de algunos que hayan padecido la enfermedad y, por supuesto, las ausencias de aquellos que no pudieron sobrevivir, principalmente los mayores, muchos residentes en centros de la tercera edad, sin posibilidad tampoco de ser despedidos. 
La experiencia nos dice que, cada vez que se relaja la situación porque descienden las curvas de contagios, bien porque sea un intento de obtener una cierta alegría económica en algunos sectores -aunque dura poco en la casa del pobre- nos sumergimos de nuevo en una ola, como la que está a punto de arrastrarnos, sobre todo porque hay quien aún no sabe convivir con la pandemia y olvida, no solo de protegerse, sino de tomar medidas para salvaguardar a los demás. 
En una palabra, cuando la economía va por delante de la salud y, si encima se juega con sentimientos por medio, como unas navidades, salimos perdiendo. Ojalá que la que nos espera después de la visita de los Reyes Magos venga con menos virulencia de lo esperado pero, a la vista de los resultados de los primeros días de las fiestas hay que ponerse en lo peor. 
Incluso el exceso de propaganda en el inicio del calendario de vacunación puede ser negativo para generar una falsa reacción entre los ciudadanos, que crean que está todo superado, cuando no es así, aún quedan meses, para que podemos comenzar a sacar la cabeza como antes, que el menos nos quedemos como estábamos. 
Si hay una cosa clara aparte del dolor y la muerte, con una crisis económica paralela, aunque se hayan tomado medidas de protección social, es que no nos merecemos el comportamiento de los grupos políticos en esta crisis, donde el Gobierno pude haber cometido fallos, en algunos casos lo mismos que los del resto de los países del mundo, pero la pregunta es ¿qué ha hecho la oposición para tratar de colaborar? Solos se escuchan insultos y descalificaciones. Nadie sabrá dar la respuesta si no va por el camino de que lo que ha tratado ha sido obtener un rédito político cortoplacista, de lo que deberá de dar cumplida respuesta. 
Es la verdadera asignatura pendiente a la hora de comenzar un año que en la televisión pública nos ha vuelto a retrotraer a la España más hortera y costumbrista, en una mezcla entre llantos -con el debido respeto a situaciones personales padecidas-,  y descorches de botellas de cava con cotillones. Si analizamos los niveles de audiencia de las cadenas, se comprobará una vez más que los españoles tienen muy poco de conciencia crítica y que no es extraño que quien tiene la responsabilidad de gobernar o de llevar una labor de control campen a sus anchas sin escrúpulos, puede que cada uno tenga lo que se merece.
Aboguemos porque podamos ver el final del túnel en el verano, incluso los más negacionistas, influidos cómo no por el discurso político de algunos, pero entretanto hay que arrimar el hombro, seguir las recomendaciones y no dejarse llevar por discursos fáciles. 



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