LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Tierras de penumbra

26/03/2021

La lista de expertos que creen saberlo todo sobre la condición humana no deja de crecer mientras que nuestra compresión sobre el individuo y sus motivaciones se reduce. El conocimiento integral de la persona, vista desde una perspectiva natural, afectiva y temporal, se ha desvanecido. Nunca nos hemos visto acompañados de tantos pedagogos, psicólogos conductuales, sociólogos y expertos en autoestima para acompañarnos en esta dura experiencia que es la vida.

No es el lugar para reflexionar sobre lo que nos falta en nuestra humilde existencia o sus objetivos. La clave consiste en descubrir quiénes son los nuevos creadores de ideas, porque a ciertas edades desconocemos que las nuevas generaciones y no tan jóvenes se nutren intelectualmente de fuentes atípicas. Reitero lo de intelectualmente, porque hay una tendencia absurda que justifica el desprecio a formas modernas de alimentar el espíritu. Estoy convencido de que la música clásica o la ópera fomentan la sensibilidad humana, pero para los no iniciados es un misterio insondable y no nos consideramos inferiores por ello.

El hábito de la lectura se diluye ante la fascinación por lo audiovisual y tampoco ayuda el ritmo frenético que imponen las nuevas tecnologías. Es muy difícil encontrar ahora películas actuales donde el guion aguante un análisis básico; si revisas La diligencia de John Ford, en una toma ves reflejada toda una sociedad. Eso ahora no es factible porque el anhelo pedagógico les puede y lo políticamente correcto les limita.

Las nuevas plataformas poseen extraordinarios recursos y su conocimiento directo sobre el espectador es inaudito, pero esa información reduce el espectro creativo al producir lo que te demandan o te dejas llevar por la ideología. Cualquier documental de Netflix, serie de HBO, película de Disney y la producción propia de Amazon Prime cojean del mismo sesgo ideológico. No son tan complacientes con lo que quieren sus usuarios como dicen y ahí empieza el ataque a la libertad.

Un poema de Rilke mantuvo serenos a muchos alemanes en el frente, mientras que un libro de Goethe consiguió incrementar el número de suicidios por imitación. La fuerza audiovisual reside en su capacidad para estimular la empatía con los protagonistas. Esa habilidad justifica discursos románticos, una vuelta al panteísmo, dota de humanidad a animales o ensalza la idolatría del yo. Estas cosas no son modernas, pero somos lo suficientemente ignorantes para desconocerlo. La mitología griega es más rica que el continente de Poniente y los siete reinos. Un buen libro nunca es mala compañía.



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