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¡Que vienen, que vienen!

Carmen Hernández
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Cada voto nacionalista o republicano, cada parlamentario 'indepe' o anticapitalista vale exactamente lo mismo que sus votos bendecidos por la condecorada Virgen de los Dolores y sus diputados y senadores genuflexos ante el Jefe del Estado

Cuando yo era pequeña, los comunistas tenían cuernos y rabo y se dedicaban a quemar iglesias y a quitarle las vacas a la gente; por ejemplo, si tenías dos, te dejaban con una solo. Eran de lo peor según el imaginario franquista que incluía, entre los malos, a demócratas en general, mujeres que salían de casa, ateos,sindicalistas, homosexuales…O sea, a todos menos a ellos. Lo que se dice una dictadura. En plena transición, Fraga Iribarne dijo que la legalización del Partido Comunista era un verdadero golpe de estado porque Fraga, igual que Lampedusa, debía pensar que es bueno que todo cambie para que todo siga igual; o sea que una España democrática pase pero dentro de un orden y añadió: «La calle es mía».
Estos días, algunos políticos me han transportado a la infancia porque contaban los mismos cuentos en el debate de investidura de Pedro Sánchez: según ellos, el nuevo Gobierno no es legítimo porque tiene comunistas –que ya se sabe cómo son- y está respaldado por «los que quieren romper España», o sea, rojos y separatistas de todas partes y por un señor de Teruel. «¡Inaceptable!, ¡traición!, ¡caos!»-gritaban con santa indignación desde la ‘Casa de Tócame Roque’ en que están convirtiendo el Congreso de los Diputados. Recurso del pataleo después de haber insultado, vejado y amenazado con llamadas anónimas, pintadas y mensajes a los diputados que habían anunciado su apoyo al candidato. Dan miedo.Y, en el colmo del cinismo, se autodenominan partidos constitucionalistas; pues deberían leer la Constitución; quizá, así se darían cuenta de que cada voto nacionalista o republicano, cada parlamentario ‘indepe’ o anticapitalista vale exactamente lo mismo que sus votos bendecidos por la condecorada Virgen de los Dolores y sus diputados y senadores genuflexos ante el jefe del Estado;  incluso los de VOX valen lo mismo a pesar de que defienden una dictadura que mató a unas 150.000 personas solo en la posguerra.Y eso sí que da miedo.