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¿Qué esperaban?

Diego Izco
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Quedan menos de dos semanas para el clásico que tenía que haberse disputado hace seis semanas y que no se disputó porque los portavoces del apocalipsis consideraron que era «imposible» jugarlo en esas condiciones atmosféricas de violencia y crispación a la catalana, y los mismos agoreros empiezan a ponerse ya la tirita antes de que pase absolutamente nada y nos dicen que claro, que los del tsunami de marras podrían estar preparando tal y cual, y que los otros un boicot al autobús visitante, y los de más allá una protesta descomunal en el más popular de nuestros eventos deportivos: el Barça-Madrid…

Hace años, un buen mentor en esto de juntar letras me dio el mejor de los consejos: Jamás usar un titular que pueda desmontarse con un sencillo «o no». Fulanito podría irse a la Premier… o no; el Real Madrid podría estar interesado en Menganito… o no; Tsunami Democràtic podría estar planificando un boicot al 'clásico'… o no. Invente su propio titular, realice su propia predicción, juéguese el futuro a los dados, qué demonios, alguien se lo creerá.

Ahora bien, ¿qué esperaban quienes tomaron la decisión de aplazar el partido? Si a la ecuación le quitas «crispación» pero le pones «tiempo», de lo que pudo ser (o no) una protesta improvisada, quizás torpe y efímera, tal vez estemos (o no) ante una protesta más trabajada, planificada y con un nivel de sofisticación y preparación que jamás habría tenido la del pasado 26 de octubre.

«Es que no se podía jugar en esas circunstancias», dijeron. ¡No! ¡Rotundamente no! Precisamente era lo que tenía que haber sucedido: un partido de fútbol, normalidad ante lo irracional, deporte alejado del ruido político. ¿Pitos y protestas? Claro, para el 18 de diciembre se iban a olvidar…