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Localismos

Jesús Quijano
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Una de las cosas que más me llamó la atención analizando los resultados de las recientes elecciones ha sido el elevado número de grupos políticos que han alcanzado representación en el parlamento nacional, principalmente en el Congreso de los Diputados y también, aunque en menor medida, en el Senado. Quizá no sea muy exacto aplicar a todos ellos el concepto de «grupos políticos» en sentido estricto, porque algunos no se identifican por una determinada orientación política, sino por una concreta vinculación territorial, pero, una vez elegidos, todos finalmente tendrán incidencia política. El caso de «Teruel existe» es un ejemplo verdaderamente paradigmático en ese sentido, como es bien notorio.
Nada menos que 16 grupos han alcanzado representación, y una buena parte de ellos con 1, 2, 3, diputados. Si se mira bien, dejando a un lado las profundas diferencias ideológicas entre ellos, el denominador común es ese que decía, la dimensión territorial, que les hace representantes de una provincia o comunidad en particular. Así en el caso de Cataluña y el País Vasco, desde luego, pero también en el de Navarra, Canarias, Cantabria, Galicia, o Teruel, e incluso en otros de forma más indirecta, a través de coaliciones electorales.
Seguramente, las causas son variadas: las hay de simple técnica electoral, pues la permanencia de la provincia como circunscripción electoral facilita que eso ocurra; pero hay otras más de fondo. Cuando el conjunto de un sistema ofrece grietas, las reacciones de desconfianza, de decepción, o de desafección frente a lo general, estimulan una especie de retorno a lo local, a lo inmediato, a lo conocido. Ahí se encuentra más seguridad. Si es así, y algo de esto es lo que está ocurriendo, tampoco me atrevo a decir que sea una deriva negativa sin más. Pero sí digo que, si esa tendencia se extiende y se incrementa, puede terminar planteando un problema de configuración del interés general con influencia importante en la estabilidad. Claro que la globalización tiene inconvenientes; también los tiene la excesiva fragmentación. Y habría que empezar a pensar en soluciones equilibradas.