CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


El ejemplo europeo

Al gobierno de la Europa que habló con una sola voz a la Gran Bretaña del Brexit (creyó que podría negociar con cada uno de los Veintisiete) ha llegado una mujer con el europeísmo en los genes y en la biografía. Una excelente noticia. Cursará como disolvente del muy extendido pesimismo sobre el futuro de una Unión Europea un tanto desorientada. 
En un escenario político muy fragmentado, la presidenta in péctore de la Comisión, Úrsula Von der Leyen, ha sido aupada por las tres fuerzas sobre las que descansa el espíritu fundacional de la UE: democristianos, socialistas y liberales. 
Los términos de esa ecuación vienen a ser prácticamente los mismos que condicionan la gobernabilidad en España. Pero la resultante está siendo muy distinta. Mientras que en el ámbito europeo se ha resuelto en apenas 15 días, aquí llevamos más de dos meses y medio de atasco. 
La razón de partido, los vetos cruzados y las agrias peleas de egos de andar por casa han acabado creando aquí las condiciones de ingobernabilidad que ya se dieron tras las elecciones generales de 2015. Y las que, desactivadas a última hora con la abstención de 66 diputados socialistas, volvieron a darse después de una nueva llamada a las urnas en 2016. 
No era menor la complejidad en la orografía política europea alumbrada por las elecciones del 26 de mayo. Pero en un tiempo récord, aun después de superar el contratiempo creado en el Consejo Europeo que frenó las candidaturas pre-cocinadas, los tres grandes grupos parlamentarios han sabido poner por encima el interés general y consensuar un nombre y un programa en el que los tres se sienten cómodos. 
Von der Leyen, la todavía ministra de Defensa alemana, es una conservadora de manual, formada a la sombra poderosa de Angela Merkel. Ha demostrado cintura política suficiente para hacer creíble su llamamiento a todos los grupos en nombre de una Europa fuerte y unida. Algunas de sus propuestas para los próximos cinco años conectan perfectamente con la cohesión social, el ecologismo o las reivindicaciones feministas aireadas por la socialdemocracia e incluso los verdes. 
La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, mencionaba este miércoles el espejo europeo donde deberíamos mirarnos. De acuerdo. Eso debería hacer la clase política española, aquí y ahora afectada por una suerte de desgaste reputacional. 
Sin embargo no sé si la apelación es creíble en boca de quienes, al servicio de la estrategia diseñada por el candidato-presidente, Pedro Sánchez, han perdido tanto tiempo en buscar culpables de una eventual investidura fallida, en vez de haber dedicado ese tiempo a buscar cómplices interesados en dotar al país de la estabilidad que viene reclamando desde hace cuatro años. 


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