Un oficio desconocido y con necesidad de formación

P. Velasco
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El número de resineros ha pasado en los últimos ocho años de cien a más de mil, aunque es un sector muy masculinizado pero en el que las mujeres se hacen «visibles»

Un resinero trabaja en un monte de Soria. - Foto: E. G. M.

Realizan el complicado trabajo de extraer recursos de la naturaleza como la resina o miera. Hubo un tiempo en el que su oficio, el de resinero, parecía abocado a la desaparición, aunque la gestión sostenible de los bosques y el uso de la resina natural como alternativa para muchos productos derivados del petróleo, sacaron del olvido este trabajo y surgieron nuevas oportunidades para el medio rural. 
Prueba de ello es que en Castilla y León, que abarca el 86 por ciento de la producción española de miera, el número de resineros ha pasado de unos cien en el año 2010 a los más de mil que existen en la actualidad. Aunque pese a estos avances sigue siendo un oficio desconocido para la mayor parte de la población y donde la formación de los profesionales se convierte en un elemento esencial para que la actividad sea rentable y sostenible.
Dentro del proyecto ‘SustForest Plus’, una iniciativa impulsada por los principales actores de la cadena de valor de la resina natural del suroeste europeo para potenciar su actividad económica, Castilla y León analiza a través del Cesefor (una entidad privada sin ánimo de lucro que contribuye al desarrollo integral del sector forestal) cuál es el perfil sociológico de la población resinera con el trabajo que está desarrollando Guadalupe Ramos Truchero de la Universidad de Valladolid.
Un primer avance de dicho estudio revela que se trata de un oficio más desconocido de lo que se piensa y en el que el repunte de la actividad a partir del año 2010 se alimentó fundamentalmente de dos tendencias: una derivada del contexto del desempleo con «los rebotados de la crisis» y otra con las personas que eligen la resina como una forma de vida. El incremento del precio de la resina, como detalla Ramos Truchero, también animó a más gente a probar en la resina que calificó, en ese momento, de «sector refugio».
«Aquí vienen tanto los que conocían el sector como los que no, a los que se suma el efecto llamada», matiza la socióloga, que apunta que muchas de las personas que empiezan a entrar, «también abandonan con mucha rapidez el sector porque no lo conocen y hay que hacerlo muy bien». El trabajo revela que hay otro porcentaje que llega a la resina como una nueva opción laboral.
Cuatro categorías

Ramos Truchero explica que gracias a su estudio ha establecido cuatro perfiles diferentes de resineros. El primero que hemos encontrado es el de los jóvenes, de entre 17 y 21 años, con dedicación exclusiva, que «están a la espera» y que trabajan la temporada de resina. «Es un sector que está latente y aparcados a la espera a ver qué pasa», aclara.
El segundo perfil analizado es el de la dedicación parcial a la resina como un complemento de renta. «Generalmente este tipo de perfiles está en las zonas con menor producción de resina como León o Soria, y en muchos casos son autónomos», explica la socióloga de la Universidad de Valladolid, que añade que dentro de esta categoría diferencia entre los que combinan esta actividad con algo que no tiene nada que ver con el monte y los que lo hacen con un tema agrario.
Los terceros son los que se dedican a la resina de forma exclusiva, que no se produce en toda Castilla y León, ya que estos profesionales se concentran más en la provincia de Segovia y que cuentan con entre 7.000 o 10.000 pinos.
Por último, la cuarta categoría es la de las mujeres resineras, entre las que si ha notado que este tipo de trabajos «las dota de identidad» y cita como curiosidad que «dentro de la resina se encuentran mujeres que son representantes de grupo de resineros».
El futuro de este sector, como comenta Guadalupe Ramos Truchero, pasa por la necesidad de formación, «pero no solo de tres días que es lo que suele hacer». «Lo que me han comentado es que hay muchos cursos pero son insuficientes. Una de las propuestas esenciales sería la de hacer un programa formativo de mayor duración, que se prepare tanto técnicamente como empresarialmente a los resineros», asegura.
A esto se suman los problemas con los que estos profesionales durante los primeros años. «Una de las reclamaciones que se hacen es llevar a cabo algún tipo de plan durante los primeros años con algún tipo de acompañamiento para que esa persona no se sienta sola ni a nivel empresarial ni de oficio», argumenta Ramos Truchero, que añade que la temporalidad de este trabajo también «va en contra» por los gastos tan elevados que tiene una explotación forestal como las que se necesitan.