LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Arma letal

Los grandes errores de la vida empiezan siendo fallos minúsculos que solo una mente privilegiada detecta desde la lejanía. La mayoría de los mortales convivimos con estas limitaciones con naturalidad porque se circunscriben al terreno de lo individual. Los gobiernos no son inmunes a ello y se engañan dándole un barniz intelectual y emocional para eludir la obvia incompetencia.

En Europa, el sector del automóvil encadena una lista bastante larga de suicidios empresariales, adornados de estupidez política y legitimados por la aureola de la regulación. Es común oír el tópico hispano en relación a nuestros gobernantes anteponiendo su celo religioso a un interés patriótico, cuando la realidad es que no asumieron que es tan importante como los objetivos el realismo en su obtención. Empezar una guerra que no puedes ganar es heroico, pero criminal si uno es consciente del desenlace.

En la Unión Europea no vamos sobrados de sectores en donde seamos un titán productivo, un icono tecnológico y poseamos un mercado suficientemente grande. Este poderío va acompañado de un superávit comercial, miles de magníficas nóminas en la industria y millones de euros en impuestos. Ninguno de estos activos ha impedido que los políticos y los medios de comunicación progresistas hayan atacado despiadadamente a dicho motor económico. Puestos a hacerse daño se podría haber empezado por otros lares menos arriesgados. El pragmatismo no es una forma sutil de cobardía sino el máximo exponente de la inteligencia.

La clase política sabe perfectamente que la contaminación de los coches la generan en un 80 por ciento los vehículos de más de 10 años, independientemente de la tecnología. Los ejecutivos saben que venden a pérdida cada vehículo con la etiqueta ECO y que la inmensa mayoría de sus clientes no se pueden permitir sus precios, pero callan. Los alcaldes que limitan su uso son conscientes que su eslogan es falso y el daño real, pero aporta una imagen limpia con la que se desean asociar.

Las ideas más dañinas son aquellas que se apoyan en la sencillez de la experiencia personal para dotar de credibilidad al argumento. Cualquier persona percibe la contaminación que rodea una gran urbe, pero es ingenuo creer que el transporte público, unos cuantos ciclistas o patinetes aliviarán las necesidades de movilidad. El problema reside en la humareda negra de los coches de más de 15 años. Compre el coche que quiera, diesel o gasolina y piense en el medio ambiente. El pragmatismo no da titulares pero garantiza prosperidad.


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