CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


María Chivite echa a andar

María Chivite inicia su mandato con un invitado especial en su toma de posesión, el lehendakari Iñigo Urkullu.

Quizá haya sido un simple gesto de cortesía, responder a la invitación de la nueva presidenta, pero no estuvo Urkullu en cambio en la toma de posesión de Uxue Barkos hace cuatro años, a pesar de ser la candidata de Geroa Bai, marca navarra del PNV. Puede no significar nada, que Urkullu tuviera razones que justificaran su ausencia, pero puede también indicar la satisfacción que ha provocado en el mundo nacionalista vasco que el PSN haya apostado por un gobierno con predominio del color vasco que presentan PNV y HB-Bildu. Tanto Chivite como Pedro Sánchez consideran irrelevante la presencia de Bildu, pero ha provocado preocupación en los patios autodenominados constitucionalistas, incluido destacados miembros del socialismo. No solo del histórico, en el que se encuentran las figuras más señeras del PSOE, las que han demostrado sobradamente su sentido de la responsabilidad con los españoles, sino que también personalidades del PSOE actual no ocultan su preocupación ante el paso dado por Chivite con las bendiciones de Moncloa y Ferraz,

Ese pacto tiene las consecuencias tan mencionadas estos días, la imposibilidad del PP y Ciudadanos de permitir la investidura de Sánchez con su abstención, que es lo que busca el presidente en funciones a la vista de que el coste del acuerdo con Podemos es excesivamente alto. Pero aparte de que pone en duda la investidura de Sánchez, es también un reto para la nueva presidenta, acusada desde todas partes de que su pacto con Bildu –porque nadie duda de que ha habido pacto- puede suponer un giro del nuevo gobierno vasco hacia posiciones que hasta ahora habían rechazado de plano los sucesivos presidentes. Incluso Uxue Barkos se marcó líneas a no traspasar, mientras que a Chivite se la ve como una dirigente decidida a aceptar iniciativas que forman parte del acervo nacionalista e independentista vasco, que incidirían en la pérdida gradual de la identidad navarra ante los avances de la cultura y la idiosincrasia vasca; que desde hace décadas son objetivos del PNV y de las diferentes marcas electorales de los que nacieron bajo el paraguas acogedor de ETA.

Chivite, aseguran los que la conocen bien, es una mujer que sabe lo que se trae entre manos, como ha demostrado al llegar a acuerdos de legislatura que parecían inalcanzables. Dicen también los que la conocen bien que no renunciará nunca a la españolidad de Navarra. Tendrá que demostrarlo, porque hasta ahora la palabra España no sale de su boca, ni toma decisiones que hagan pensar que no va a ceder ni un milímetro ante los que sueñan con una Navarra formando parte de un país vasco francés utilizando la transitoria cuarta de la Constitución, que establece un posible procedimiento para la incorporación de Navarra al País Vasco. Transitoria que de momento ningún presidente navarro ha puesto sobre la mesa.


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