Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


Sube el endeudamiento del sector agrario y baja la morosidad

El endeudamiento del sector agrario mantuvo su crecimiento en el primer trimestre de este año con un incremento del 0,3%, según los datos del Ministerio de Agricultura en base a las estadísticas del Banco de España, hasta los 20.436 millones de euros. Estas cifras suponen una línea de continuidad en la evolución de los créditos en el campo y los mismos equivalen al 66,7% de la renta agraria del último ejercicio. 
El montante se puede considerar similar a la situación del resto de las actividades económicas. La tasa de morosidad se mantuvo estable en ese período, en un 6,2%, lo que supone 2,7 puntos menos que en 2017 y significa que el campo tiene menos dificultades para cumplir con la devolución de sus préstamos.
En endeudamiento agrario se puede decir, si se analiza la serie histórica, que funciona con cierta estabilidad. En períodos de expansión económica como la vivida hasta el año 2008, los créditos concedidos a la actividad agraria experimentaron un crecimiento muy inferior al del resto de los sectores  en parte ante las mayores exigencias de los avales y garantías de las entidades financieras, algo que hoy se ha reducido. El punto máximo del endeudamiento agrario se produjo en el año 2008 cuando el mismo ascendió a la cifra de 23.936 millones de euros. Desde entonces, la fuerte reducción de la actividad crediticia en el conjunto de la economía afectó igualmente al sector agrario, lo que supuso una reducción progresiva hasta los 18.108 millones de euros a que ascendía el endeudamiento agrario en 2017. Desde de este año, el crédito en el sector agrario no ha parado de tener datos en positivo hasta alcanzar la cifra de los 20.436 millones de euros del primer trimestre de este año. 
En lo que se refiere a los niveles de morosidad, los datos sobre el ámbito rural son igualmente positivos. El campo pide dinero y lo devuelve, aunque esos niveles de morosidad no tienen nada que ver con los que se manejaban en el año 2006 cuando los mismos apenas superaban el 1%. En los últimos años, la morosidad más elevada en el sector agrario se registraba en 2017 cuando la misma alcanzaba el 8,9%, un porcentaje alto, aunque no tenía nada que ver con el 12% como media del conjunto de la actividad económica nacional. Desde esa fecha, la morosidad no ha parado de bajar hasta el 7% en 2018 y en la actualidad hasta un 6,2%.
Un dato parcial, pero positivo, sobre la salud financiera de las explotaciones, podría ser la evolución de la compra de tractores en el primer trimestre del año con casi 6.000 unidades y un incremento del 20% sobre el mismo período anterior, aunque en este momento ya se ha ralentizado. 
La Sociedad Anónima Estatal de Caución Agraria (Saeca), una de cuyas actividades es la concesión de avales al sector agrario, no es mayoritaria pero sus datos ponen de manifiesto la existencia de una mayor demanda, muy especialmente para obras de modernización, así como para la compra de tierras por parte de los propios agricultores. 
Uno de los factores que podrían sustentar esa situación sería el comportamiento de la renta en positivo en los últimos años y especialmente en 2017 y 2018, según los datos oficiales. Aunque la renta puede tener importantes oscilaciones según zonas o producciones, la realidad es que experimentó un incremento del 4,3% en 2018 en moneda corriente hasta situarse en la cifra récord de 30.217 millones de euros, sin tener en cuenta la inflación. Computando esa inflación, también registró un aumento del 3,7% por activo. 
Ese año, otro dato positivo en el sector agrario fue igualmente la cifra récord de la Producción Final Agraria hasta los 53.391 millones de euros. La parte más negativa en el sector, precios a un lado, lo que más deteriora las disponibilidades de la explotación agraria ha sido la evolución de los gastos en medios de producción, fundamentalmente semillas, energía, abonos, fitosanitarios y zoosanitarios. En los últimos años, han pasado de 20.860 millones de euros, en 2016, a los 21.834 millones, en 2017, y a los 23.204 millones, en 2018, lo que supone un incremento en ese período del 15%, aumento que no se registra en los ingresos. 
Un hecho a tener en muy cuenta es que, mientras hace más de una década los gastos en medios de producción solo suponían una tercera parte del valor de la Producción Final Agraria, en la actualidad ya significan un 43%, lo cual constituye un problema para la rentabilidad final de la actividad, solamente paliada por las ayudas comunitarias directas de las que no disfrutan, o lo hacen a niveles muy bajos, algunos sectores o zonas de producción.


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