Esta semana se reúne Pedro Sánchez con Pablo Casado y con Pablo Iglesias, aunque no con Rivera porque Rivera no quiere. Esta semana también, se celebra en la Asamblea de Madrid la sesión de investidura del nuevo presidente o presidenta del gobierno regional, pero es difícil que salga elegido nadie porque no hay candidato.

El presidente de la Asamblea, en una decisión nunca vista, tras la ronda de conversaciones que mantuvo con los dirigentes de los partidos y advertir que Vox no quería votar a Isabel Ayuso como se había acordado, y que Gabilondo no alcanzaría la mayoría necesaria, tomó por la calle de en medio y como había que convocar la sesión la convocó… pero sin candidato. El presidente es de Ciudadanos porque Cs, PP y Vox habían acordado que los tres partidos votarían un candidato de Cs para la presidencia del parlamento autonómico y a Isabel Ayuso, del PP, para la presidencia del gobierno regional. Pero como Vox no quiere votar a Ayudo en protesta porque Cs no se quiere sentar con ellos… pues el resultado es que Ayuso no va a ser candidata. Ni ella ni nadie.

Esto es lo que hay. Este es el panorama que sufren los españoles, que desde la defenestración de Rajoy viven en una especie de túnel de los horrores –o de la risa, según- ante una clase política en la que no se ve ninguna figura que destaque. Ni saben de tácticas, ni de estrategias, ni respetan la palabra dada, ni piensan por un segundo en qué es lo que conviene a los españoles, sino que se han metido en la dinámica de aguantar a la espera de que escampe sin tener en cuenta que mientras no escampa este país pierde fuelle y prestigio cada día que pasa. La falta de gobierno es tan grave que incluso Bruselas ha tenido que dar un toque a Moncloa. Lo que echa por tierra esa idea de que en la Unión Europea empiezan a sentir que hay en España un gobierno serio que va a tener un gran papel en la UE. Va a ser que no. Sánchez se las prometía muy felices porque parecía el amigo inseparable de Macron y juntos iban a cambiar el mundo, pero al final resulta que no, que como siempre, es Merkel quien se ha llevado el gato al agua: la presidencia de la Comisión Europea, cuando Macron y Sánchez daban por seguro que sería para Timmermans.

La situación interna española es tan desesperante que, además del toque que ha dado Bruselas, millones de españoles se indignan por el espectáculo que están dando los políticos que, decían, habían echado a Rajoy porque no se podía aguantar ni un minuto más que no tomara decisiones valientes. Los nuevos no toman decisiones ni valientes ni no valientes. Sencillamente, se cruzan de brazos esperando el santo advenimiento. No se sabe de quién, eso es lo malo.


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