TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Selección y equipo

Nunca he sido seleccionador nacional. Usted tampoco (salvo que sea usted Vicente, Julen, Iñaki, Javier... uno de ésos, en cuyo caso le envío recuerdos y un fuerte abrazo). Sin embargo, entiendo perfectamente que el seleccionador nacional vive en un perpetuo equilibrio entre dos necesidades: la de formar un bloque y la de premiar al futbolista de moda. La primera te asegura fútbol, capacidad de trabajo, asimilación de una idea y de un sistema, cercanía a los jugadores... en definitiva, las ventajas de un club. La segunda, ser justo con el jugador que está más en forma, dar sensación de puertas abiertas y no de coto cerrado (lo que garantiza el esfuerzo de los futuribles: nadie se siente excluido porque sí), no anquilosarse, tener un mercado amplio... en definitiva, las ventajas de una selección. ¿Piensan ustedes que todo entrenador ha deseado siempre disponer de 10 o 15 laterales zurdos, por ejemplo, y poder elegir a los dos más en forma en cada momento? Pues créanme que no es así, que hay una corriente de pensamiento de banquillo más conservadora que no quiere a los mejores... sino a quienes mejor encajan en un sistema. Primero es el dibujo, luego la elección de las piezas. Con la selección corremos el peligro de que suceda al revés: primero las piezas y, una vez las tenga, improviso el sistema. ¿Y si los 23 más en forma de ayer son diferentes a los 23 más en forma de mañana... con sus características, su rendimiento en un esquema distinto y su capacidad/incapacidad para adaptarse a otro?

Entiendo (quiero y queremos entender) que eso de que Luis Enrique haya seleccionado a 41 futbolistas distintos en la semana y media que lleva en el cargo obedece a un propósito regenerador, la idea de renovación que veníamos reclamando... pero que llegado el momento, a equis meses de la Eurocopa, hará eso de la piña con matices que tanto necesita una selección para convertirse en equipo.