COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


En todos los partidos cuecen habas

El fin de ciclo electoral con la investidura de Pedro Sánchez, lejos de traer serenidad a la vida interna de los partidos no ha hecho sino agudizar las tensiones internas en cuatro de los cinco partidos nacionales. El último en entrar en escena, Vox, quizá por su bisoñez, o quizá porque su ideología no admita muchos matices y menos discrepancias, cabalga el tigre sin temor a ser devorado y mira desde la tribuna como PP y Ciudadanos siguen los pasos que marcan con la fuerza de sus escaños necesarios para la gobernabilidad y porque sus banderas programáticas llaman al corazón con bastante simpleza y eficacia.

Las primeras medidas adoptadas por Pedro Sánchez como inquilino de La Moncloa avalado por las urnas han suscitado problemas internos aireados sottovoce por destacados militantes desplazados de la primera línea y por los barones Emiliano García-Page y Javier Lambán, constituidos en el ariete contra el independentismo catalán dentro del partido, porque el debate en los órganos de gobierno del partido está laminado. Nada de extrañar tras la vuelta de Sánchez a la secretaria general y así seguirá hasta que las contradicciones internas se conviertan en insoportables. Por ese camino van algunas de las protestas porque por el momento las polémicas creadas por incoherencia, soberbia o guiños al independentismo catalán  en tres semanas son más y más evidentes que los logros de la acción de gobierno.

La marejada interna tampoco es menor en el PP, que no acaba de encontrar su rumbo. El presidente del PP, Pablo Casado, oscila entre la vuelta al centro de las últimas campañas electorales y la realidad de su discurso durante la investidura de Sánchez. En este caso son también barones de la periferia, que tienen a la vista procesos electorales, quienes reclaman una oposición más moderada, menos crispada, con la que se pueda alcanzar acuerdos en materias de Estado, como la renovación de órganos judiciales. Los populares de Galicia, País Vasco y Cataluña quieren un viraje al centro que les permita, en el primer caso, mantener la mayoría absoluta, y en los restantes mejorar sus resultados, más difícil si se mantienen las posiciones radicales del trío formado por Casado, Álvarez de Toledo y García Egea. Vox marca los debates como en el caso del veto parental y el líder del PP se encuentra entre la espada y la pared, sin encontrar unas posiciones propias que les permita mantener una oferta atractiva para los sectores más moderados de la sociedad.

La orfandad del centro pretende cubrirla Ciudadanos, pero su proceso interno de renovación del liderazgo junto con las decisiones del Ejecutivo tampoco les facilita articular un mensaje centrista combinado con las dificultades que tiene el sector crítico para hacerse escuchar. Inés Arrimadas, llamada a dirigir el partido debe elegir un camino que evite que su partido sea fagocitado o achicado por el PP y convertirse en un verdadero partido bisagra –cada vez más evidente a medida que tiene menos apoyo electoral- y una posición más firme frente a Vox en el que apoya su poder territorial.

 Podemos ha hecho bueno que el poder es la mejor argamasa para mantener unido una organización política. Pero eso es de cara al exterior. Hacia adentro quedan muchas batallas internas por resolver.        



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