TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


El extraño discurso de Sánchez

El discurso con el que Pedro Sánchez inició el debate de investidura tuvo, a mi juicio, cosas buenas, malas y omisiones difíciles de creer. Lo bueno fueron algunas propuestas, si bien casi ninguna era del todo nueva: si cumple las ciento treinta medidas prometidas, basaría para justificar una Legislatura si no fuese porque de las más urgentes ni siquiera habló. Me refiero a Cataluña, a la coalición con Unidas Podemos y a las reformas políticas más importantes, desde la constitucional -solamente se refirió a tres artículos- hasta la de la normativa electoral. Pasando por esa reforma siempre pendiente de la Administración y la de los modos de gobernar: transparencia, verdad, accesibilidad, simpatía hacia los ciudadanos fueron palabras ausentes en la primera parte del debate. 
Lo peor del discurso de Sánchez, bien construido pero ya digo que insuficiente, fue mantener la división de las dos Españas. Derecha e izquierda. ¿Cómo pretender que Casado y Rivera faciliten la constitución de un Gobierno que se proclama 'de izquierdas', sin la menor concesión a los postulados de la 'otra España'? Porque Sánchez  solo pide abstenciones para facilitar su investidura, pero poco o nada ofrece a cambio. ¡Con lo fácil que le hubiese sido decir que aceptaría esos pactos de Estado que le ofreció Pablo Casado a cambio de esa abstención! 
Más difícil de entender aún me resultó su explicación posterior, a requerimiento de Casado, de que no hubiese mencionado a Cataluña en su discurso inicial porque tampoco mencionó a Andalucía o La Rioja. Como si fuese lo mismo. Luego sí, luego entró en el problema del secesionismo, pero sin comprometerse: decir que la única forma de responder al malestar catalán es un Gobierno progresista me parece una cierta falacia. Y una cierta simpleza. 

Estamos tocando la esencia del Estado y no sé si quienes suben al atril de los oradores en el Congreso de los Diputados son plenamente conscientes de ello. Esto no es un juego de tronos (o de asientos en el Consejo de Ministros, señor Iglesias). Yo espero que la negociación con Podemos, al menos con las pretensiones de Podemos, salga mal, aun a costa de poner en peligro la investidura de Sánchez. Pero también espero generosidad por parte del presidente en funciones y un cambio de rumbo en los otros dos protagonistas políticos, los líderes del PP y de Ciudadanos. Por lo escuchado este lunes, temo que de nuevo entraremos en el oscuro patio de la frustración, de otra oportunidad perdida. 


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