PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Cuatro veces en cuatro años

Pedro Sánchez anunció nuevas elecciones con la frase: «Lo he intentado por todos los medios», dejando la duda de si ha sido un irresponsable al mentir por no haber realizado todos los esfuerzos necesarios o ser un inepto («persona que carece de aptitud para cierto trabajo o función») o mediocre («persona que no tiene suficiente capacidad para la actividad que realiza»)  por no haberlo conseguido.
Sánchez culpó a Casado (por falta de «sentido de Estado»), Rivera («por irresponsable») e Iglesias («por dogmatismo» y «empeño en entrar en el Consejo de Ministros») de la repetición de las elecciones y añadió la petición de una «mayoría más rotunda» para poder formar gobierno sin bloqueos.
Unidas Podemos acusó al PSOE de haber perdido el tiempo montando una farsa para no parecer culpable, sin actitud negociadora. Y lo peor para Sánchez ha sido la maldita hemeroteca. En 2016 increpó duramente a Mariano Rajoy por no poder formar gobierno: «Si nadie quiere pactar con el señor Rajoy, el problema es del señor Rajoy»; «El candidato de la primera fuerza política es incapaz de lograr los apoyos que le permitan garantizar la gobernabilidad del país. Y esa incapacidad, señor Rajoy, es en exclusiva suya». Ahora, según Sánchez, la culpa es de los demás. En España hay una regla sagrada: jamás digas en el gobierno lo que decías en la oposición.
Al final, la casa sin barrer. Pedro Sánchez incapaz de fiarse de Unidas Podemos y de ofrecer algún acuerdo a los partidos constitucionalistas, sólo pudo pedir una «investidura gratis». Casado y Rivera, poco avezados en estas lides, no han sabido ofrecer una abstención con condiciones en vez de cerrarse en banda. Todos son responsables; Sánchez más que los demás, pero todos tienen su parte de culpa.
¿Y si el 10 de noviembre no resuelve nada?  Volveremos a las urnas con sensación de hartazgo y nada garantiza un panorama político diferente (el perverso sistema electoral castiga la atomización); un motivo más de descredito de la clase política. Lo curioso es que esta vez son los partidos políticos los que temen la venganza del ciudadano: el PSOE teme la desmotivación de la izquierda; el PP teme que continúe su caída electoral; Ciudadanos no sabe por dónde le da el aire; Unidas Podemos intuye un importante declive y recela de Errejón; VOX teme que el boicot sufrido le haga perder votos. Todos están temblando.
Veremos que nos depara la campaña electoral, afortunadamente tan breve que no les dará tiempo a prometer demasiado (las promesas de ayer son los impuestos de hoy; las promesas de hoy serán las impuestos de mañana) aunque el cabreo popular no ayudará a su credibilidad. Lo que me preocupa es la amenaza de un aumento considerable de la abstención, lo que considero un grave error. Si tú no participas, otro lo hará por ti. Hace tiempo leí en el libro Algo va mal, de Tony Judt, un historiador británico, una sentencia lapidaria: «Los pobres votan en mucha menor proporción que los demás sectores sociales, así que penalizarlos entraña pocos riesgos». Lo mismo puede aplicarse a nuestra Soria vaciada –la Soria vacilada- porque somos pocos y no ha costado mucho penalizarnos.
George Bernard Shaw escribió que «la democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente». Esperemos que esta vez la mayoría que elige no sea incompetente y otorgue el poder a la minoría no corrompida (o menos corrompida).


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