TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


España, un país en busca de su Historia

Puede que lo que más necesitemos es llegar a un consenso sobre nuestra propia Historia. Ya se sabe que eso es algo que siempre escriben los vencedores y reescriben los vencidos una vez que los vencedores se pasan de moda. Ahora estamos en proceso de reescritura, y no me refiero solamente al hecho de volver a traer a Franco a las portadas a cuenta de su exhumación próxima o remota: sucede que la delicada piel de toro, sensible al recuerdo más que al presente y mucho más que al futuro, se altera en cuanto se agitan los viejos fantasmas. Franco es uno de ellos, no el único. Y urge pactar una idea de lo que hemos sido para poder iniciar un camino consensuado hacia lo que seremos. 
La algarabía suscitada en torno a la salida, que ya veremos cuándo, del dictador del mausoleo gigantesco que él mismo ordenó construir muestra que ni la guerra civil está del todo enterrada ni, mucho menos, lo están las dos Españas. O sea, las dos, o más, concepciones de España: acabo de mantener un debate en una televisión con una colega, que afirmaba que España es la nación más vieja de Europa. "Según y cómo se considere", le dije. Y se inició una discusión de todos los diablos, que casi se remonta a los reyes godos, pasando, claro, por el tan manipulado tema de cuándo Cataluña fue, si lo fue, una nación independiente de España, que yo creo que nunca. 
Así que lo de Franco no me extraña nada. Creíamos que se había llegado a un consenso parlamentario, y judicial, sobre su exhumación, y cómo, y resulta que no. Pedro Sánchez ha llevado el tema a las Naciones Unidas y, claro, le han llovido acusaciones de actuar electoralistamente aprovechando un foro internacional. Pienso que, en elecciones, casi todo lo que no debía valer vale, pero también creo que, si no hubiese elecciones ni campañas electorales, andaríamos aún con el derecho de pernada. Es decir, los procesos electorales, con sus promesas remotas y sus (muchos menos) cumplimientos próximos, suponen siempre avances en busca de votos. 
Yo no sé cuántos votos le darán al Partido Socialista los dimes y diretes sobre la salida de Franco de 'su' Cuelgamuros. Me parece que, tal y como lo ha  planteado, no demasiados, ya veremos. Pero sí sé que Franco tiene que salir del Valle, que es monumento triste y en el que quien combatió las libertades no debe permanecer: nos lo debíamos. Otra cosa es, ya digo, que bien podría Sánchez haber aprovechado la oportunidad para hacer de esta una ocasión más para la reconciliación de los españoles, en lugar de para abrir heridas. 
No se trata de plantear solamente la salida de Franco: se trataría de promover un 'Arlington a la española', un cementerio que albergase a españoles muertos de todos los bandos, de todas las creencias; traerse de vuelta los restos de Machado, de Azaña, de tantos, y que convivan con tantos represaliados de ambas partes de nuestra desdichada contienda fratricida, y de tantas otras similares menos cruentas que han jalonado nuestra Historia. Esa Historia que, ya digo, tenemos que consensuar, sin trompeterío épico, pero también sin complejos por la verdad. Una verdad que no siempre nos contaron a quienes, en mis tiempos, estudiábamos el ser de España. Y ahora, temo, seguimos sin contarla del todo. Y, si no, mire usted la absurda polémica en torno a Franco, alguien que no merece tanto destaque.  


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