COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Donde dije digo...

El Partido Popular inició en la última reunión del comité ejecutivo nacional un nuevo viaje al centro, en esta ocasión parece que más sincero o al menos con un mayor convencimiento derivado de hacer de la necesidad virtud. El fracaso de la estrategia de derechización que dominó la campaña electoral del 28-A ha sido arrumbada tras perder la mitad de los diputados con los que contaba en la legislatura anterior en la que se mimetizó con Vox y las posiciones más conservadoras.

La revisión de su anterior campaña electoral irá acompañada de cambios en las listas electorales tras la decepción causada por algunas de las apuestas personales de Pablo Casado que venían motivadas por su deseo de desprenderse de los restos del ‘sorayismo’, la colocación de algún peón de María Dolores de Cospedal,  junto con concesiones al populismo y la incorporación de políticos de la órbita de José María Aznar. La pérdida de calidad política ha sido tan evidente que es previsible que Casado recupere algunos señalados diputados de la última etapa de Rajoy al frente del PP. En cualquier caso las previsiones de los populares son las de  aumentar su representación en más de una docena de escaños hasta situarse, al menos en el entorno de los ochenta diputados.

Al fin a y a la postre los barones con mando en plaza que criticaron la derechización del partido se han salido con la suya, y han logrado que Pablo Casado varíe toda la estrategia electoral, desde su tono y su presencia, que fue intensísima hace seis meses, hasta el mensaje que transmitirá, más moderado. El giro de la dirección del PP ha tenido su plasmación gráfica en la comida entre el presidente popular y su predecesor Mariano Rajoy, pero pone también de relieve la ‘doble militancia’ de Pablo Casado: marianista, porque Rajoy le aupó a una de las vicesecretarías generales y ‘aznarista’ dada su anterior vinculación con el primer presidente del Gobierno popular. La cuestión ahora es saber cuál de los participará en más actos de campaña y si logrará en esta ocasión lo que no consiguió en la anterior, la presencia conjunta de ambos en un mismo acto electoral.   

La pretensión del líder del PP es recuperar, sobre todo, los votantes que se le fueron por el centro a Ciudadanos. La derechización del partido de Albert Rivera sumado a la disposición que han demostrado a pactar con Vox le facilita el camino de volver a ser el “cerebro y el corazón” del centroderecha, toda vez que Ciudadanos debe abandonar la posibilidad de sorpasso y solo le queda desempeñar un papel secundario que parece aceptar con su ofrecimiento de gobierno de coalición en un minuto con un diputado más que la izquierda.

Sin embargo, la estrategia que está condenada al fracaso es la insistencia en proponer que Ciudadanos se una a su propuesta de España Suma con la que el centro derecha podría alcanzar la mayoría absoluta según Pablo Casado. Aunque el líder del PP trata de desmarcarse de la corrupción que llevó a la debacle electoral de hace seis meses, los últimos coletazos de las operaciones más escabrosas de corrupción política que afectaron al partido y algún episodio nuevo centrado en Madrid hace que Ciudadanos vea con recelo cualquier alianza preelectoral, además de ser contraproducente para un partido que está en los albores de su proyecto diluirlo en una coalición