COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Autovías sin peaje

El ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, ha lanzado esta semana un globo sonda para ver la reacción ciudadana ante la propuesta. Cada vez que esto ocurre la consecuencia es que habrá damnificados. El ministro ha avanzado la posibilidad que las autovías por las que ahora se circula libremente -y las autopistas rescatadas o aquellas en las que se acaba la concesión- vean gravado su uso con un peaje simbólico de tal manera que lo que hasta ahora es gratuito pase al pago por uso. 

El argumento de autoridad del ministro y sus asesores es que las carreteras de gran capacidad son las únicas grandes infraestructuras de transporte por las que los usuarios no pagan ningún tipo de tasa y que este dinero se utilizaría en las labores de conservación que cuesta en torno a 1.100 millones de euros anuales. 

Cuando el Gobierno de Felipe González, sobre todo después de la entrada en la entonces Comunidad Económica Europea, emprendió la tarea de modernizar las infraestructuras viarias con los generosos fondos que llegaban desde Bruselas, pudo optar entre la construccion de autovías de peaje o autovías gratuitas y su opción fue la segunda. Ahora la red de autovías llega prácticamente a todas las capitales de provincias, ha dejado de tener una concepción radial para construirse en red  y han sido sufragadas a través de los impuestos, de tal forma que las autovías son un símbolo más del Estado de bienestar que debe resistir a la presión de los recortes. 

De hecho la instauración de peajes en las autovías es un posibilidad que se baraja en tiempos de crisis para aumentar la recaudación fiscal. El gobierno portugués que tuvo que hacer frente al rescate del país por imposición de la troika tuvo que aplicar esa medida. En el caso del Gobierno de Mariano Rajoy, esa posibilidad no pasó del estadio de proyecto en estudio, el mismo en el que Ábalos dice que se encuentra ahora mismo. 

Aunque la economía española comienza a dar signos de agotamiento, de que se entra en una etapa convulsa motivada tanto por las malas noticias que vienen de afuera -guerra comercial EEUU-China, Brexit sin acuerdo, parón de Alemania- como por la inestabilidad que provoca la falta de un gobierno formal, la celebración de nuevas elecciones o el tipo de Ejecutivo que logre armarse, los peajes simbólicos no son ninguna prioridad y cuentan además con la oposición frontal de gobiernos autonómicos de todos los colores. Lo que si es prioritario es una revisión en profundidad del sistema fiscal que de respuesta a todas las necesidades y que acabe con las propuestas de parche aquí o allá.  


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