CARTA DEL DIRECTOR

Iván Juarez


Lo que cuenta el dinero

Aunque no da la felicidad (esta sensación vinculada a lo material depende en gran medida de las expectativas y necesidades espurias que nos vamos creando) ayuda a conseguirlo y al menos al que lo posee en demasía le libera de las preocupaciones que tiene el que  llega a fin de mes con las justas. Al fin y al cabo, todo gira en torno a la capacidad económica ya sea personal pero también de las administraciones para acometer unas u otras inversiones. No de forma directa pero el dinero está detrás de la mayoría de las informaciones que copan los titulares de los medios de comunicación, de lo que se hace y de lo que no se hace. También es un buen indicador de la evolución de los territorios, del nivel de vida de sus habitantes y del desarrollo de un pueblo, nos viene a advertir si crece o camina hacia la extinción, como tantos otros. Si tiene capacidad de atracción o ha quedado relegado al olvido. Si han reflotado tras la última crisis económica o si, por el contrario, continúan en estado de shock sin ver la luz al final del túnel porque no se han adaptado a la nueva realidad.
Por aquello de que las comparaciones son odiosas, los índices sobre la riqueza de los distintos municipios tocan la fibra de sus habitantes y levantan espinas; nada como ver al vecino nadar en la abundancia mientras a uno le sitúan en el furgón de cola estadístico. El medio rural, sobre todo los que viven alejados de las grande urbes, vive penalizado por la falta de inversiones empresariales y porque el dinero llama a dinero. Las diferencias se hacen más grandes con el paso del tiempo.En la provincia de Soria hasta 24.000 euros separa la renta del municipio más ‘rico’ del más ‘pobre’. 
Los indicadores reflejan un sistema productivo, como el agrícola, en horas bajas, donde el relevo generacional no existe o tal vez donde los que trabajan el campo no habitan en los dominios que cultivan. Tampoco es oro todo lo que reluce en resultados como los que ofrece el Atlas de Distribución de Renta de los Hogares, publicado por el Instituto Nacional de Estadística. Los que salen entre los primeros siempre van a atenuar los números.Es el caso de Valdeavellano de Tera y pueblos del Valle. Con un pasado esplendoroso fruto de su tradición ganadera vinculada necesariamente a la producción de la famosa mantequilla de Soria, de aquellos tiempos queda un centro de interpretación, alguna escultura  de ganado que remite a una época floreciente (las estatuas que recorren la geografía nacional no son más que una visión estática de un tiempo pretérito que ya no existe). De la época más sobresaliente de Valdeavellano quedan grandes casas, y su nivel de riqueza es diametralmente opuesto a la pérdida de habitantes como sucede en la mayoría de municipios; pero lo que eleva su rango económico con el que lidera la provincia es que notables empresarios han elegido el municipio como un destino de descanso o segunda residencia. Se ve en nuevas y esbeltas construcciones. El atractivo natural resulta determinante para aquellos que buscan una alternativa a su realidad cotidiana que se desarrolla en las grandes urbes o capitales de provincia como Soria. 
Si hay algo que determina el margen de crecimiento de un pueblo es su capacidad para generar empleo. Así se entiende que Garray también esté en los puestos de cabeza. Cerca de los servicios capitalinos es en mayor o menor medida, menos de lo que gustaría por el bloqueo del PEMA, un enclave generador de puestos de trabajo.La cercanía con la ciudad de Soria lo convierte en un tranquilo lugar de residencia, de ahí que los lugareños distingan entre el poder económico de los nuevos vecinos, de urbanizaciones y adosados, y los que se asientan en el pueblo, un hecho patente en la vecina Golmayo, con dos áreas totalmente opuestas.
Soria es solo un reflejo a pequeña escala de lo que sucede en el resto del país y en buena parte del continente europeo. La riqueza se va concentrando en áreas metropolitanas mientras que las zonas rurales que no han sabido o podido adaptarse a su realidad postindustrial van mermando, a mitad de camino entre un pasado notable y un presente que no es ni rastro de lo que fue. Una situación visible en pueblos como Duruelo o Covaleda, o pinares en general, donde el sector maderero ha perdido fuerza a pasos agigantados. El crecimiento se reduce a áreas con capacidad industrial porque, al fin y al cabo, los movimientos migratorios están vinculados al trabajo. Siempre se ha dicho que Soria capital crece, aunque poco, a costa de la provincia. El dinero ni los dígitos en la cuenta bancaria no dan por completo la felicidad pero dibujan los desequilibrios territoriales en una España donde solo cinco comunidades están por encima de la media europea. Hay dos opciones llegados a un cruce de caminos de difícil resolución: profundizar en un modelo que agrava las diferencias o tratar de equilibrar la balanza apostando por zonas más deprimidas pero con un resultado difícil de predecir en el corto y medio plazo.
 


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