Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


Sobrepoblación

Durante las pasadas fiestas patronales tuve la oportunidad de viajar a la capital de España. Siendo como es el único trazado vial de nuestra provincia que se puede hacer enteramente por autovía, es un destino frecuente en mis escapadas cortas. Pero lo cierto es que el pasado fin de semana supuso para mí un verdadero shock en cuanto a cantidad de personas que me encontré por las calles más céntricas, no sé si debido tanto al incremento de población en Madrid o al hecho de que mi tolerancia hacia las multitudes, con los años, va a menos. Sea como fuere me hizo reflexionar y replantearme el drama de la España Vaciada desde la otra perspectiva: la de la sobrepoblación.
Es curioso cómo, estando tan cerca como estamos los uno de los otros, el estilo de vida de los habitantes de una gran metrópoli y el nuestro son tan contrapuestos. Para mí, bajo mi actual prisma -ya con estudios finalizados (o casi, una docente nunca deja de aprender), con estabilidad laboral y una vida más o menos encarrilada- el entorno rural –o la pequeña ciudad- me ofrece una calidad de vida incomparable. Sin embargo, auguro que para aquellos que han elegida la urbe como proyecto vital, priman otras cosas por encima de la tranquilidad, la cercanía y la familiaridad que ofrece Soria. Como dijo aquel, para gustos, los colores. Y a pesar de que no entiendo qué puede tener de divertido pasarse el fin de semana entre filas y esperas para poder disfrutar de los servicios de tu localidad, imagino que para los que lo eligen como estilo de vida compensa. 
Lo que sí que es un dato más objetivo es que contamos con recursos limitados, y que el hecho de que una cantidad sobredimensionada de seres humanos se concentren en un mismo territorio no es la mejor opción para batallar con realidades como el cambio climático o el exceso de residuos. Es por ello que, hay que asumirlo, la migración interna es un problema que nos afecta a todos. Más allá de lo que pueda parecer una protesta de unos pocos, esta situación es insostenible a medio plazo, y requiere de acciones reales y tangibles más pronto que tarde, que aseguren el equilibrio territorial y medioambiental.
En referencia al tema de la despoblación, hay quien lo justifica definiéndolo como movimientos sociales difíciles de revertir. Para los más pesimistas, es complicado generar medidas que realmente le den la vuelta a este escenario, donde tratan de convivir desiertos demográficos junto con localidades superpobladas. Pero la lectura que yo hago, desde el otro lado de la barrera, es que hay zonas de nuestro país donde la saturación poblacional es tal que peligra la operatividad de los servicios tanto o más que en el entorno rural. 
Las dos caras de la moneda que nos llevan a un mismo destino: la dificultad que se le presenta a la ciudadanía para satisfacer sus necesidades y garantizar una calidad de vida. Como todo, en el equilibrio está la virtud, y un terreno más vertebrado, que asegurara una equidad de servicios en toda su extensión, parece la opción más válida para enraizar a la población, y disminuir las tremendas diferencias que podemos encontrar en dos ciudades a tan solo 250 kilómetros de distancia. Como habitantes del mundo, más allá de considerarnos vecinos de una u otra provincia, debemos de velar por un futuro real y consciente de nuestro hogar: la madre tierra. 



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