TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


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Con Reguilón en la selección (el pareado es obligado), el dato es asombroso: de los últimos 10 canteranos del Real Madrid que han debutado con España, solo uno (Lucas) jugaba de blanco en ese momento. Ahí están Rodrigo, Callejón, Morata, Llorente, Saúl, Marcos Alonso, Parejo, Hermoso o Sarabia. Y ahora el lateral del Sevilla, cuya temporada con Lopetegui mejora a Mendy y a Marcelo.

Por un lado, el peso de la lógica para idiotas que supone este fútbol moderno, en el que los grandes se han convertido en coleccionistas de cromos: si puedes tener a Griezmann (y a Dembelé, y cedes a Coutinho, e intentas fichar a Neymar a última hora...), desdeñas a Carles Pérez y taponas a Ansu Fati. ¿Dónde está Aleñá? ¿Por qué Lenglet o Umtiti y no Bartra?

Pongo el ejemplo del Barça para que nadie se vaya de rositas o se sienta ofendido en exclusiva: si Reguilón fuese Reguilao, Marcelo llevaría dos años prejubilado, uno de ellos en los New York Red Bulls o en el Fluminense, y los 48+5 que ha pagado el Madrid por Mendy se habrían invertido en una versión más joven de Modric (¡Qué bueno es Van de Beek!). Sucede lo mismo con ese chico que aquí se llamaba Achraf y allí, en Dortmund, ha explotado como Hakimi. Mejora a Carvajal en muchos aspectos, fundamentalmente el de la versatilidad (si hasta fue bigoleador esta semana en Champions).

Ambos, los últimos laterales que abandonaron Chamartín rumbo al resto del mundo, demuestran la teoría del hijo pródigo: para triunfar en determinados sitios, hay que salir de ellos. Para llamar la atención de determinados entrenadores (algunos tienen una hipermetropía asombrosa: no ven de cerca), hay que alejarse de ellos. Y que sea la distancia la que provoque el estupor («¿Y éste es nuestro?») y la reacción: «Que vuelva».


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