El calor dispara los casos de alergia al ciprés

Ana Pilar Latorre
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El jefe del Servicio de Alergología de Santa Bárbara apunta a una «explosión» del polen de estas plantas que polinizan en los meses de invierno

El calor dispara los casos de alergia al ciprés

Las altas temperaturas registradas durante el mes de febrero y parte de marzo han adelantado la irrupción de las alergias medioambientales, según confirman desde el Servicio de Alergología del Complejo Hospitalario de Santa Bárbara. Su responsable, Jonatan Vicente, habla de una «explosión» del polen de ciprés, un árbol que poliniza en invierno (lo hacen también las cupresáceas y las amazónicas) y que otros años con la lluvia y la nieve suele estar más o menos controlado. Pero debido a la sequedad de este invierno está afectando más y se están derivando numerosos casos al servicio. El especialista explica que en las zonas de la ciudad con más concentración de polen de ciprés, como la del Castillo y el Cementerio, puede contemplarse incluso una nube de polvo que procede de estos árboles, «y eso que el polen es microscópico, con millones de partículas diminutas».
El aumento de las consultas al servicio está siendo estas semanas de un 25% y los pacientes presentan los síntomas típicos de alergia ambiental: irritación ocular y nasal, picor de nariz y estornudos, moco acuoso, dolor de cabeza e incluso asma. El médico apunta que casi con total seguridad se adelantarán las alergias de primavera, porque debido al calor ya han brotado algunas flores y plantas y va a pasar lo mismo. «Queda todavía marzo y abril. Si lloviera, que no parece que vaya a ser así, se retrasaría pero también duraría más», indica.
La alergia ambiental «siempre depende de la climatología», detalla el facultativo, y «que se adelante o que no lo haga tiene que ver con las temperaturas y con la abundancia o la escasez de lluvia».
en aumento. El Servicio de Alergología tiene miles de pacientes y Jonatan Vicente apunta que correspondería con un 20-25% de la población de Soria, mientras que hace unos diez años sería de un 15%. A ellos se suman los pacientes nuevos, que son más de mil al año en dos consultas. El aumento de cada año puede ser en torno a un 3%. 
«Es una cifra que va en aumento tanto por el cambio climático como por la contaminación. Es una enfermedad crónica que puede afectar e irrumpir en cualquier etapa de la vida, desde niños pequeños hasta mayores», explica el especialista haciendo referencia a que son pacientes que se mantienen y a los que se realiza un seguimiento en el Servicio de Alergología.
Lo más importante para el médico es que cuando se ha diagnosticado una alergia y se tienen síntomas es tomarse la medicación, lo que en muchos pacientes para los especialistas supone una lucha, porque es la mejor manera de encontrarse bien y hacer frente a la alergia. Además, la vacuna, el único medio curativo, proporciona mucha seguridad y se lleva usando ya muchos años. Es algo latoso, al tener que recibir durante cinco años una dosis mensual, pero supone mejorías para el 90% de los pacientes. «Es importante conocer la enfermedad para poder tratarla con medicación o con la vacuna, ya que no todos los pacientes son susceptibles de ella. Hay que saber a qué se es alérgico», subraya el doctor.
Entre los consejos que ofrece el especialista a los alérgicos a los cipreses en estos días de concentración de polen, destacan ventilar la casa en las horas en las que haya menos polen, no abrir las ventanillas de los vehículos si no es necesario, usar gafas de sol, tender la ropa en casa, evitar salir al campo y donde haya árboles de este tipo a determinadas horas, cambiarse de ropa al llegar a casa... Sobre todo, insiste en que es importante tomarse la medicación que le ha prescrito el alergólogo.
Desde el punto de vista de la alergia, hay tres clases de plantas, los árboles, las gramíneas y los arbustos o malezas. Dependiendo de la zona tendrán más importancia unas u otras. En Soria son más frecuentes los pólenes de gramíneas (trigo, césped...), de plataneros, de oleáceas (olivo, aligustre...) y de ciprés. 
La alergia al polen se estudia con pruebas en la piel, análisis de sangre y pruebas de provocación. Se tienen en cuenta los pólenes más frecuentes de la zona. Su un alérgico respira gran cantidad del polen puede tener ataques agudos de asma o rinoconjuntivitis, mientras que si lo hace de menor cantidad no tendrá síntomas agudos pero sí una inflamación interna de los bronquios.
relación. Como curiosidad, el cambio climático sí tiene que ver en el ciclo de las alergias, ya que altera el ritmo normal de la reproducción, de enraizamiento, de emisión de polen y fruto... La contaminación también influye en que, a pesar que los alérgicos del medio rural tengan más plantas alrededor, a los de las ciudades les llega un polen más agresivo y dañado, ya que las gramíneas y los pólenes se defienden con proteínas que son alérgenos.
Otra de las curiosidades es que los alergólogos detectan cada vez más casos de doble alergia, ambiental y alimentaria, a plantas y además a alimentos vegetales que comparten proteínas. Se llama reactividad cruzada y puede llevar a que un alérgico ambiental pueda ser también alérgico alimentario. Establece la relación entre gramíneas y tomate, cacahuete, acelga, melón, patata y sandía; y entre plataneros y plátano, kiwi, manzana, lechuga, maíz o cacahuete, por ejemplo. Además, los alérgicos a las plantas deben tener cuidado con el polen que se almacena en la piel con pelusa de determinadas frutas, como melocotón, albaricoque o kiwi, y que los productos obtenidos de las abejas, como la miel o la jalea real, pueden tener polen.