CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Inexplicable euforia

Pedro Sánchez ha presentado en Naciones Unidas una España idílica que los ciudadanos de a pie no ven por ninguna parte. Es más, esos ciudadanos de a pie tienen razones sobradas para no comprender la euforia de Sánchez ante la Asamblea General de la ONU sino, todo lo contrario, tiene razones sobradas para sentirse preocupados. Países cercanos se encuentran en peor situación económica que la nuestra y además los españoles han demostrado sobradamente su capacidad de aguante, de resistencia, de sortear las crisis, pero generalmente al frente del país se encontraban políticos que transmitían seguridad y confianza, tanto del PSOE como del PP, pero ahora… La seguridad y confianza están fuera de nuestro mapa.

Los datos de crecimiento que esgrimía el gobierno hace pocos meses ya no los valida ni el Banco de España, y todo el mundo conoce las consecuencias de que el crecimiento sea menor del previsto. Los datos de empleo de agosto son muy preocupantes, con el añadido de las más de 200 mil bajas en cotizantes a la Seguridad Social. No ayuda al optimismo la quiebra de la empresa Thomas Cook, que afecta a un sector clave, el del turismo y todo lo que gira en torno al turismo. A esa quiebra del gigante británico que llenaba centenares de establecimientos españoles se suma que tanto Turquía como Túnez han recuperado la imagen de países seguros para el turista, y además ha aparecido Croacia en el panorama captando un altísimo porcentaje de quienes en años anteriores elegían España para sus vacaciones.

La financiación autonómica es un problema enquistado que no solo provoca quebraderos de cabeza a los dirigentes regionales porque afecta directamente a los servicios sociales – lo que más importa- y que afecta también al empleo y además empiezan a alertar sobra la bajada del consumo … y todo el mundo conoce cuales son las consecuencias de esa bajada.

No se puede engañar a la gente con expectativas que el que las lanza sabe que son inviables, que no se pueden cumplir. Sánchez ha dicho en la ONU que España es un país que necesita estabilidad política pero que la economía resiste e inspira confianza. Es evidente que un presidente no puede acudir a la Asamblea General de Nueva York contando las miserias de un país, pero cuando la inestabilidad se prolonga tanto que se empiezan a advertir ya las consecuencias. Las falta de confianza en la clase política provoca el desánimo. Cuando el empleo empieza a tambalear después de haber superado una etapa de la que parecía que no había salida, y los gobiernos regionales no saben qué hacer para cumplir sus compromisos porque el central no encuentra la fórmula para proceder a la financiación a la que obligan las leyes, el discurso de Sánchez, además de irritar por su electoralismo, provoca indignación porque retrata una España boyante que hoy no existe.


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