Cuando la guerra se libra con bayetas y lejía

Ical
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Un día con el Regimiento Farnesio, la primera línea de las Fuerzas Armadas en la batalla contra el Covid-19

Cuando la guerra se libra con bayetas y lejía - Foto: Ical

“Tendré iniciativa, actuaré con firmeza y determinación”. Con esta arenga, incluida en el decálogo de valores de la Brigada ‘Galicia VII’ , el teniente coronel Ángel Espiga, jefe del Grupo de Caballería Santiago del Regimiento Farnesio, despide de la base vallisoletana de ‘El Empecinado’ a un convoy formado por una veintena de hombres que, una jornada más, como viene ocurriendo desde el pasado 19 de marzo, trabajará en tareas de desinfección. Hoy el destino es una residencia de mayores de la provincia de Zamora.

Son las nueve de la mañana y por delante se presenta una duro día de trabajo que no acabará hasta última hora de la tarde. Minutos después, y bajo la misma intensa lluvia, la imagen se repite, aunque ahora el teniente coronel, tras recibir novedades, se suma a otro grupo que en esta ocasión colaborará con la Policía Nacional en tareas de vigilancia en Valladolid.

Integrados en una de las unidades de élite de las Fuerzas Armadas y con experiencia en peligrosas misiones internacionales -Bosnia, Kósovo, Irak, Afganistán o Líbano-, donde más de uno ha visto de cerca la muerte, estos militares han aparcado sus fusiles HK G-36 en la armería para aferrarse a bayetas y mochilas fumigadoras cargadas con agua y lejía.

- Foto: Ical

Pero junto con la lucha directa contra el virus, estos soldados también trabajan, codo con codo, con las policías o la Guardia Civil en tareas de vigilancia y se han convertido en una especie de ángeles de la guardia, que además de informar personalmente de las restricciones del estado de alarma, no dudan en llevar la compra a casa a personas mayores o en ayudar a cambiar una rueda pinchada.

No llevan armas ni tienen capacidad para sancionar, pero si un contacto directo con las policías para alertar de cualquier acto delictivo. Para el teniente coronel Espiga, un burgalés con 28 años de experiencia a sus espaldas, la principal aportación del Ejército con su presencia en las calles es la tranquilidad que transmiten a la sociedad. “Aunque siempre hay algún desagradable y hemos tenido avisos de personal de supermercados denunciando la presencia de clientes que durante cinco días seguidos toda su compra se reducía a un bote de aceitunas, lo único que estamos recibiendo de la gente es cariño, admiración y gestos entrañables como el día que un frutero del mercado de Palencia nos agradeció nuestro trabajo con lo mejor que tenía a mano. Unos puñados de naranjas”.

Además, explica que en los primeros días del confinamiento tuvieron que responder a muchas dudas de los ciudadanos sobre lo que se podía y no se podía hacer y en más de una ocasión tuvieron que tranquilizar a algunas personas por su temor al desabastecimiento de los mercados.

Pero mientras los efectos de vigilancia se despliegan por el centro de Valladolid, el sargento Estébanez, natural de Benavente (Zamora), se afana en las tareas de desinfección, que hoy les ha llevado hasta una residencia de Villardeciervos. “Comprobar que la gente se siente apoyada por nosotros y saber que estás trabajando por tu tierra y por tu país, son los mejores aliciente. Estamos cumpliendo con nuestro deber, pero siempre las palabra de agredicimiento nos dan energía extra”, asevera.

Sin miedo

A las tres de la tarde, parte de la patrullas que han estado realizado vigilancia por el centro de Valladolid regresan a casa. El capitán Armando Zancajo destaca la tranquilidad de una jornada en la que lo mejor ha sido “volver a sentir el calor de los tuyos en unos días tan complicados para todos”. Este joven vallisoletano resalta la implicación y compromiso de todos los componentes del Regimiento. “Sabemos que son días de aportar nuestro granito de arena para superar esta crisis. Nadie ha dado un paso al lado. Al contrario, todo el mundo está convencido de lo que hace y quiere ayudar”, sentencia.

Uno de los más explícitos es el cabo Félix Gascón, un joven zamorano que tiene claro que casi nadie en el Regimiento tiene miedo a pillar el virus y recuerda las peligrosas situaciones que muchos de ellos han vivido en misiones internacional. “Estamos cumpliendo con nuestra obligación. Si no, para qué estamos”, afirma.

En este sentido, el teniente coronel Espiga reconoce que después de la incertidumbre de los primeros días por el riesgo que podían correr los familiares, el principal problema de esta misión para unos profesionales que han estado Afganistán o Irak es la carga emocional y no la sensación de peligro.

En un primer momento, las tareas de desinfección se encargaron al pelotón especializado en descontaminación NBQ -nuclear, biológico y químico-, que tiene el Regimiento pero, poco a poco, se ha ido formando a más personal para sumarse a estas tareas.“Lo más complicado es estar preparados y nosotros siempre estamos trabajando para ello”.

Pasadas las 19 horas el equipo de desinfección está de vuelta en ‘El empecinado’ sin novedad. Es el momento de revisar, limpiar y preparar el material para el día siguiente, tareas que se pueden alargar hasta las 21 horas y, sobre todo, de reponer fuerzas y descansar para mañana, a las siete, volver a estar a tope al toque de diana.

La actividad no cesa en la base y mientras estos equipos son la cara visible de la primera línea de combate contra el coronavirus que el Ejército está apoyando en el norte de Valladolid y en Palencia, detrás de ellos hay otros muchos militares, “todos adictos al hidrogel”, que se encargan de que todas las mañana el teniente coronel pueda despedir a su hombres. Desde el guarnicionero que se ha encargado de que todos los hombres tengan mascarillas de emergencias, hasta los cocineros que preparan el rancho, los mecánicos que ponen a punto todos los vehículos o los responsables de la sala de mando, que en todo momento están en contacto telemático con las policías y con los propios equipos.

“Seré abnegado, cumpliré con ejemplaridad mi deber”, quizá mañana sea el lema con que el teniente coronel arengue a su tropa, un pequeño grupo dentro de las Fuerzas Armadas y que estos días está demostrando, una vez más, las razones por las que son la institución mejor valorada por los españoles.  

Operación Balmis

Hasta la fecha de hoy, más de 90.000 militares han participado en la Operación Balmis desarrollada por las Fuerzas Armadas como respuesta a la epidemia de coronavirus. Estos efectivos han realizado, desde el pasado 15 de marzo en que comenzaron su despliegue, un total de 10.960 intervenciones en 1.207 poblaciones, actuando en todas las de provincias españolas.

Dentro de las labores efectuadas, se han totalizado más de 1.200 apoyos a hospitales, unas 700 a centros de salud y cerca de 600 a centros sociales, que comprenden lugares de tratamiento de personas discapacitadas, de reinserción, de apoyo a personas sin hogar y a personas dependientes. Así mismo se han realizado más 3.500 acciones de apoyo a residencias de la tercera edad, a desinfección de estos centros. Los efectivos militares han efectuado igualmente 752 acciones de apoyo a dependencias de la Administración Pública (principalmente instalaciones de Guardia Civil y Policía Nacional, Juzgados y centros penitenciarios).