CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Una colonia en el estrecho

Gibraltar no es español, pero el Parlamento Europeo ha aprobado por mayoría aplastante que es una colonia británica. Colonia. Palabra que representa lo que representa, que es lo que es, y que supone un gol en toda la escuadra al Reino Unido que, de vez en cuando, da en las narices a los españoles haciendo alarde de que el Peñón forma parte de su territorio como si se tratara de una provincia más. La historia es tozuda, y la Cámara europea la ha tenido en cuenta: Gibraltar formaba parte de España hasta que a principios del siglo XVIII pasó a formar parte de Inglaterra en el tratado de paz de Utrech que puso fin a la guerra de sucesión española.

El gol es consecuencia directa de las decisiones que se están tomando en el PE respecto al Brexit. Las negociaciones sobre el reglamento de los nuevos visados ha sido larga, y las han aprovechado los eurodiputados españoles para introducir la definición de Gibraltar como una colonia de la corona británica. Las consecuencias de esa definición no son prácticos, pero simbólicamente son de gran relevancia. España no ha presentado ninguna reivindicación de soberanía o cosoberanía ni tampoco sobre el uso del aeropuerto –construido en el istmo, territorio español según el tratado de Utrech y que los británicos se lo apropiaron aprovechando que España lo puso a disposición de las autoridades para separar enfermos de contaminados en una epidemia de cólera-, pero el simple hecho de que Europa vea a Gibraltar como una colonia es un nuevo golpe para unos británicos que con el tiempo se han dado cuenta de que les engañaron sus políticos cuando les presentaron el Brexit como la panacea, como la situación ideal para el Reino Unido. Muchos de los que votaron Brexit en el referéndum han comprendido que supone un cúmulo de desgracias que no habían barajado … y encima convierte a Gibraltar, su joya mediterránea, en una colonia.

Ha sido complicada la batalla mantenida por los eurodiputados españoles en la Eurocámara, pero lo han conseguido. Los británicos no han reaccionado con excesiva virulencia, porque con el Brexit sobre sus cabezas el futuro de Gibraltar no es una cuestión tan grave como otros asuntos en juego, aunque se darán cuenta del roto que les ha hecho la UE en cuanto recuperen la tranquilidad institucional que ahora les falta.

La iniciativa demuestra que los españoles que hasta ahora nos han representado en Bruselas y Estrasburgo saben hacer los deberes, han trabajado sin dejar un solo flanco sin cubrir y han sabido aprovechar las oportunidades que se presentaban para defender los intereses de España. Que lo apunten los dirigentes del Psoe y PP, que han hecho unas listas plagadas de inexpertos mientras han desechado a algunos de los que mejor han trabajado por una Europa fuerte con una España sólidamente representada en esa UE que los británicos podrían debilitar.


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