LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Izquierda sin derecha

Iba a tomar el avión para presentar su libro en una ciudad del norte -actividad inusual propia de tiempos ya pretéritos- y me llamó, el tono triste y trágico: «estoy esperando para embarcar y a nadie veo leyendo, todos están sumergidos dentro de las pantallas de ordenadores o teléfonos móviles». El afamado escritor iba desmoralizado a aquella presentación de algo que parecía ya objeto de un lejano pasado. Tal vez alguno estuviera leyendo algún texto de historia, científico -imagino cuentos, como los niños- o un texto literario o poético (me río). ¿Y el conocimiento? ¿Acaso está en los mensajes, breves y mal escritos, que continuamente se envían unos a otros con fotos o vídeos? Sobre todo estos, que así no hay que leerlos. 
Por eso las páginas de internet que ahora más se ven son las que sirven para colocar imágenes donde uno cena o está con los amigos, con paisajes de los viajes reales o imaginarios y sobre todo y todos las de uno mismo con poses y antojos, que aquí cada cual es modelo importantísimo, no importa si sabio o necio. 
También el lector que aquí me lee, tal vez en papel, todavía, puede comprobar cómo los periódicos se están transformando en híbridos cuando en la red se miran, y es que ya son medio televisión medio escritura. Sin duda, hay imágenes que valen más que mil palabras y así un accidente o una obra de arte, mejor se ven de un vistazo o con una breve película que esperando a que me la cuenten con verbos, adverbios y perdidos sujetos. Pero no se olvide que una palabra también puede valer por mil imágenes y que las ideas circulan con diferentes sintaxis, pero usan los vocablos que la lengua expresa. El caso es que todavía se prodigan las ferias del libro (sistema preferente de transmisión de conocimiento) sobre todo en los temas más abstractos y complejos, para los que no valen solo fotos, tales son las ideas de los políticos. 
Pero en tales ferias que con casetas pueblan nuestros parques para solaz y retiro de mayores y niños, quienes más libros venden en los últimos años son aquellos que se compran y no se leen pues solo son objetos firmados por un famoso presentador que aparece en las omnipresentes pantallas de las televisiones o los ordenadores, reliquias que el rastro de sus manos dejan al firmar las páginas apenas escritas, de modo indecente, donde cuentan sus vidas o indecencias con otras. 
No nos extrañemos del extravío del mundo, que mientras los parlamentarios se arrojan los verbos, los sujetos intentan llegar a acuerdos, pero extravían lo más serio. 
La izquierda lo es por referencia a la derecha y se alcanzan más frutos del árbol de la vida cuando ambas van a asirlos que con una sola. 


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