APUNTES

Pedro Calvo Hernando

Escritor y periodista


Mi temor por el futuro

Entre las encuestas electorales que se van publicando, me fijo en la de La Voz de Galicia, según la cual la suma de diputados del PSOE, Unidas Podemos y Más País sobrepasa la mayoría absoluta. Ahí tenemnos una muestra de la posible victoria de la izquierda, con más claridad que en los comicios del 20 de abril. Es solo una muestra de lo que puede suceder el 10 de Noviembre, lo que da la impresión de que las cosas no cambiarían muy sustancialmente el panorama electoral derivado de igual día de abril. Pero no aseguremos nada, pues las cosas siguen altamente enrevesadas e impidiendo unos cálculos certeros y con visos de dar en el clavo. 
Pero lo peor es el clima político preelectoral que vivimos, en el que se introduce la perspectiva de lo que puede suceder en Cataluña como asunto de primera magnitud. Y sobre todo la pantalla de la profunda confusión en las relaciones entre los partidos, especialmente contemplando las perspectivas de entendimiento y enfrentamientos de los dos grandes bloques de la derecha y la izquierda y dentro de cada uno de ambos bloques. La impresión es que nunca, desde el comienzo de la Transición, el panorama había presentado las características que presenta en estos momentos. 
Les aseguro a los lectores que es en cierto modo una osadía tratar no ya de pontificar nada sino ni siquiera de formular afirmaciones que pretendan sentar bases de credibilidad sobre lo que pueda o no pueda suceder en este país, políticamente hablando, durante las semanas que faltan para la jornada electoral del 10 de noviembre. Nunca estuvieron tan confusas y contradictorias las cosas en este país a lo largo de los últimos cuarenta años. Qué suerte y qué mala suerte para los que tanto tiempo llevamos dedicándonos a esto. Nos asalta la sospecha de que la clase política no aprendió casi nada durante tan largas décadas. 
Es inútil venir con afirmaciones rotundas y ni siquiera aproximadas sobre lo que puede suceder. A la crisis de relaciones entre PSOE y Unidas Podemos le ha seguido el suceso Más País, con Iñigo Errejón como gran protagonista, cosa muy chocante si se tiene en cuenta la falta de experiencia política de este simpático muchacho, que aparece rodeado de las múltiples muestras de desunión y de enfrentamientos entre toda la clase política, hasta el punto de  que nadie es capaz de formular unos vaticinios que se sostengan sobre algún fundamento serio. ¿Qué hacemos, pues? 
Es una estupidez o una locura la práctica de los endiablados enfrentamientos y las irresponsables descalificaciones. Es la mejor forma de destruirse unos a otros hasta llegar a una situación de miseria política y moral. Yo confieso a los lectores que no soy del todo capaz de entenderlo, ya que no me entra en la cabeza que esa clase política haya podido caer tan bajo y haya llegado a un punto de ignorancia que le impida entender absolutamente nada de lo que sucede y puede suceder. Tengo la esperanza de que esto sea una crisis de entendimiento y de conciencia colectiva de carácter transitorio. Si no fuese así, temo mucho por el futuro que nos espera. 
Pedro Sánchez ha dicho a los independentistas catalanes que han cometido errores gigantescos y les pide que no jueguen con fuego. No niego la razón que pueda asistir al presidente del Gobierno en funciones, pero al mismo tiempo le recuerdo a él y a los demás dirigentes políticos españoles que tienen que enterarse de que todos ellos merecen la misma admonición de Sánchez a los independentistas. No creo que haya que esforzarse mucho en demostrar que eso es al menos una necesidad de iguales dimensiones que las que él atribuye a los de Quim Torra y compañía


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