SIN RED

Loli Escribano

Periodista


¿Sandía o melón?

Llega septiembre. Despedimos el verano. Vuelta al cole. Vuelta a la rutina. Miradas por el retrovisor a estos meses estivales. Lo que nos dejan. Lo que nos llevamos. Lo que recordaremos siempre y lo que ya hemos olvidado. Pasaremos página a las noticias de verano: las vacaciones de los políticos dejando al país empantanado, el tambaleo económico de Aleia Roses, la marcha lenta al ritmo de las obras de la Autovía del Duero, las tormentas vespertinas y las polémicas auto caravanas de Playa Pita. Este verano que estamos a punto de despedir, ha sido el más inactivo que recuerdo. Entre que tenemos un Gobierno en funciones y que acaban de comenzar la legislatura municipal y regional, la ciudad y la provincia están muertas. Más muertas que de costumbre. En vez de narrar noticias, casi las hemos tenido que provocar. Pero si ha habido una información que me dejó pensativa fue que este verano, por primera vez, en España se han vendido más sandías que melones. ¿Sandía o melón? Yo soy de melón. Aunque hay más riesgo de que salga malo el melón, más que la sandía. Quien dice malo, dice insípido, pepino, pasado. La sandía es más neutra. Aún no he aprendido la técnica para elegir un buen melón, pero debo ser una suertuda, porque todos los que he comprado este verano, me han salido estupendos. A los que han elegido la opción sandía, les preguntaría a su vez, ¿con o sin pepitas? Parece que con pepitas es más natural, aunque la ingesta es mucho más laboriosa y lenta. Me recuerda a los eternos proyectos sorianos que se alargan y se alargan como si estuviéramos quitando pepitas: la depuradora, la nueva prisión, el centro de referencia estatal, las autovías, la modernización del tren. Con esta reflexión tan veraniega y refrescante, ¿melón o sandía?, me surgen otras dualidades. ¿Piscina o pantano? Yo tengo días que soy muy de cloro. Me encanta bucear con los ojos abiertos, sin gafas y escuchar el silencio bajo el agua como si te aislaras del mundo, de la humanidad, del Universo. Me encanta. Pero otros días soy de pantano: de comprobar si en el fondo hay piedras o ramillas con las que tropezar. De contemplar el paisaje pinariego maravilloso. De quedarte absorta disfrutando de la vida reflejada en las aguas calmadas. De observar el cielo impoluto. Azul. Sin una sola mancha blanca. El verano soriano nos deja otras dudas duales existenciales: ¿verbena o disco móvil?, ¿cerveza o calimocho?, ¿chorizo o jamón?, ¿pueblo o playa?, ¿mus o guiñote?, ¿cereal o girasol?, ¿dehesa o Soto Playa?, ¿camping o auto caravana? Comienza el otoño dentro de unos días. La nueva estación, con las calles llenas de hojas y los paseos dorados, nos traerá nuevas dualidades y el preticor de las lluvias que separan el verano de los primeros días de octubre.


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