TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Diario de una campaña muy larga. Los Sánchez siguen de protagonistas

Menudo Viernes Santo. Antes de las nueve de la mañana, mientras los tertulianos de las cadenas radiofónicas criticaban de manera casi unánime la decisión de Pedro Sánchez de concurrir a un solo debate, en TVE, abandonando su  compromiso previo de ir, el martes 23, al de Atresmedia, saltó la noticia: el PSOE y, por tanto, su secretario general y, por tanto, el inquilino de La Moncloa, daba un nuevo giro de ciento ochenta grados a cuanto había dicho hasta pocas horas antes. Aun considerando que el doble debate "es un error" y que no tiene precedentes en los países democráticos (lo que no es del todo cierto), el PSOE, o sea, Sánchez, aceptaba participar en ambas confrontaciones televisivas, una el lunes y la otra el martes. Así que, del riesgo de no tener ninguna, pasábamos a dos batallas preelectorales ante las cámaras, con la participación de los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno, tres de los cuales, claro, fueron pillados a contrapié por el 'giro copernicano' de los socialistas: Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Abascal, claro, se queda fuera, lo que, lejos de lo que pudiera parecer, sitúa a Vox en una posición de ventaja.

Tiempo habrá de analizarlo. Así que de nuevo en esta campaña trepidante, casi increíble, que sin duda tendrá consecuencias políticas durante mucho tiempo, los titulares de los periódicos digitales hubieron de cambiarse a toda velocidad. Los ánimos de los trabajadores de RTVE, que incluso se soliviantaron públicamente contra la 'administradora única provisional' (lleva nueve meses de 'provisionalidad') se aquietaban algo y quienes pensábamos, y pensamos, que cuanto más debates 'educados' (¿lo serán los de los días 22 y 23?) mejor, quedamos, tras toda la barahúnda suscitada por este 'affaire', algo -algo- más contentos.

Sensible al malestar que suscitó el 'primero digo digo, luego Diego, después dogo, más tarde daga' de Sánchez a propósito de cómo, dónde, cuándo y con quién celebrar 'un solo' debate, el comité electoral del PSOE, que hay que reconocer que llevaba haciendo, excepto en esto, una buena campaña, propició el viraje. Uno, en su desempeño profesional, ya había vivido estas tensiones desde los dos primeros debates entre Felipe González y Aznar, allá por 1993. Desde entonces, temo, hemos progresado muy poco en cuanto a trasparencia, accesibilidad a los medios y talantes democráticos. Hay que regular estos debates legalmente, en defensa de la libertad de expresión; sin embargo, hasta ahora, los dirigentes políticos prefieren afrontar el descrédito que estas trapisondas les producen.

Pero bien está lo que bien acaba, y por fin ahí están los dos debates. Y otras novedades casi simultáneas: la rueda de prensa del preso y candidato Jordi Sánchez desde la cárcel de Soto del Real, con fondo impuesto de bandera española y retrato del Rey, un fondo que este 'otro' Sánchez, candidato de la puigdemonista Junts per Catalunya y ex líder de la Assemblea, aceptó. Este 'hito periodístico' suponía un precedente inmediatamente seguido, este Viernes de Dolores, por Oriol Junqueras: otra comparecencia carcelaria, retransmitida en directo por varios digitales, radios y teles.

Ya digo: esta campaña está llena de hechos sin precedentes y de acontecimientos que eran inimaginables cuando, en junio de 2016, se celebraron las últimas elecciones generales. Mucha agua ha corrido bajo los puentes, han ocurrido muchas cosas, bastantes de ellas por completo indeseables. Y todas se reflejan en la campaña, guste o no guste a muchos, quizá a la mayoría. Las cosas son como son, y Junqueras podía presentarse como la persona a la que las encuestas dan como más probable ganador de las elecciones en Cataluña, al tiempo que parecía tender una mano a Pedro Sánchez, porque Esquerra quiere evitar a toda costa 'un Gobierno de las derechas'.

Sí, va a haber mucho que debatir en las 'cumbres televisivas' de los próximos lunes y martes. Esa España nueva que, a golpe de contradicciones y sobresaltos, se ha ido forjando en los últimos meses de intensa crisis política, ha de ser debatida constructivamente -insisto: con planteamientos e ideas nuevos, no con ataques de unos contra otros- por quienes aspiran a gobernarla, si no queremos que el país entre en almoneda.