Carmen Hernández

Periodista


Maestro Camilleri

Los buenos escritores, cuando mueren, van al cielo de sus personajes y, por eso, Andrea Camilleri está, ahora, inflándose a salmonetes con Montalbano en su casa de Marinella a la orilla del mar. Ya están resueltos todos los crímenes de Vigàta, la ciudad imaginaria en la que el comisario Montalbano busca la verdad entre políticos corruptos, familias mafiosas y tipos sicilianos irrepetibles. Pero en Vigàta habitan otros personajes de otros tiempos y de otros libros del autor; como el hijo del marqués de Filipo y su novia Carmelina que era una cabra; el cruel Balduzzo, héroe de la guerra de Abisinia y conquistador de la ciudad de Macalé o el campesino Gnazio Manisco que se casó con una sirena. Un universo en el que el absurdo es cotidiano y, generalmente, arranca una carcajada aunque no siempre porque por encima está el respeto a la dignidad del ser humano. Camilleri, educado en la Italia de Mussolini, confiesa haberse hecho comunista a los 17 años tras haber escuchado al Jefe de las Juventudes Hitlerianas, von Schirach, describir la Europa del futuro “como un inmenso cuartel, sórdido, desnudo, gélido, habitado por personas de uniforme con una sola consigna: ¡obedecer!; sin la menor posibilidad de autonomía o de pensamiento individual...” Eso y la lectura de 'La condición humana' de André Maleaux. "Descubrí, al leerlo, que nada de lo que el fascismo contaba de los comunistas era verdad:los comunistas tenían ideales, comportamientos, sufrimientos, alegrías, sentimientos exactamente igual que nosotros". Siguió, toda su vida, siendo comunista.”Es como una enfermedad de la que es difícil curarse", según decía. Desde que se quedó ciego por un glaucoma, veía esa “condición humana" con más claridad y decía que, con la ceguera, había desaparecido la fealdad y sólo quedaba la belleza. Sentado en una plaza contando historias. Así le hubiera gustado terminar. Escuchemos.


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