"Si no hubiera sido escritor habría sido docente"

Rosabel Tavera (EFE)
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Si hay algo que caracteriza al narrador valenciano es su pasión por el Imperio, un período en el que sustenta gran parte de su obra, como el Premio Planeta de 2018 'Yo, Julia' y su reciente 'Y Julia retó a los dioses', ambientada en un tiempo aciago

"Si no hubiera sido escritor habría sido docente" - Foto: PABLO MARTIN

El escritor valenciano Santiago Posteguillo, amante y gran conocedor de la Antigua Roma, desvela que la docencia le ata al mundo real y le da la libertad de no depender de la literatura, que sus gustos musicales van desde Gustav Malher a Billie Eilish pasando por Janis Joplin, y que su sueño por cumplir es publicar en inglés en EEUU.

Si tuviera una máquina del tiempo DeLorean como en la película Regreso al futuro, ¿a qué lugar y en qué momento preciso le gustaría viajar?

Hay un acontecimiento que me gustaría haber visto sin intermediarios, del año 30 al 33 en Palestina. Sin que me lo cuenten con tantas interferencias.. 

Y si ahora mismo pudiera coger un avión a cualquier parte del mundo, ¿dónde iría?

Intentaría ir a la isla de Lesbos, que es lo que me hace falta para mi próxima novela y no es nada fácil conseguirlo. 

¿Qué tres cosas no pueden faltar en su equipaje?

Mi ordenador personal, el lápiz USB con la copia de la última novela en la que estoy trabajando, y el cariño de la persona que te acompaña en el viaje.

Cuando tiene un día libre, ¿qué le gusta hacer?

Escribir. El concepto de día libre no existe porque si tengo tiempo escribo, me lo paso bien escribiendo y no me importa hacerlo. Me puedo atascar a veces, o tener que reescribir algo que no ha salido bien. Pero si dispongo de tiempo para mí y no lo puedo compartir con mi pareja, me pongo a escribir como un loco.

Su último libro es Y Julia retó a los Dioses tras Yo, Julia (Premio Planeta 2018), y también dirige el curso en la Universitat Jaime I (UJI) de Castellón Mujeres en la literatura: grandes personajes femeninos y grandes escritoras. ¿Es Santiago Posteguillo feminista?

La palabra feminista, como tantas muchas otras, ha sido tan utilizada y manipulada que tiene connotaciones diversas. Me creo en la igualdad entre hombres y mujeres y que existe todavía una importante desigualdad que habrá que salvar. Una de las formas que yo tenía para contribuir a acabar con esa desigualdad era recuperar personajes históricos femeninos, como Julia Domna, que me parecen fascinantes y de las que podemos aprender muchísimo.

Adicionalmente, me he pasado la pandemia rodando una serie con Movistar+, El corazón del imperio, que se estrena el próximo noviembre, e intento recuperar personajes femeninos de la antigua Roma como Fulvia -que derrotó a Cicerón en los juzgados, comandó legiones y era mujer de Marco Antonio- y otras más conocidas pero cuya imagen está distorsionada, como Libia, mujer de Augusto, o Cleopatra, que pasan poco menos que por asesinas o libertinas y son cualquier cosa menos eso.

¿Es aficionado a la música? ¿le acompaña la música en el proceso creativo?

Muchas veces me pongo música de Serguéi Rajmáninov o Gustav Mahler, aunque otras necesito el silencio para escribir. Soy muy ecléctico: me gusta un buen concierto de música clásica; Janis Joplin, con su desgarradora voz; Bruce Springteen, Cold Play o Billie Eilish. Intento comprender -aunque no le he pillado el punto del todo- el trap, y me hacen gracia Myke Towers y Nicki Nicole. Puedo pasar de un extremo a otro sin ningún problema.

Y las series, ¿cuál nos recomendaría?

No veo series como loco, aunque me trago todas las de adolescentes. Me he tenido que tragar Élite con mi hija -esas cosas van de serie, nunca mejor dicho-, pero por ejemplo me gusta mucho una serie que no ha pegado tan fuerte y está muy bien rodada, Peaky Blinders, que es una maravilla. Es cine con personajes muy potentes. De hecho, he conseguido que a mi hija le haya parecido interesante.

Si no se hubiera dedicado a la literatura, ¿qué otra cosa le habría gustado hacer?

Si no hubiera sido escritor habría sido docente. Enseñar siempre me ha gustado y por eso sigo dando clases, porque económicamente no lo necesito. Me ata con el mundo real. Me viene muy bien cogerme el tren de Cercanías, venir a la UJI, tomar un café -y saber lo que vale-, y hablar con los estudiantes, a quienes les importa un comino si has vendido un libro o dos millones, lo que quieren saber es lo que va para examen.

La docencia me da mucha libertad para no depender de la literatura. Quiero escribir todas las novelas reproduciendo el entorno de mi primera novela, porque si he escrito Africanus dando clases y ha funcionado muy bien, para qué cambiar.

¿Qué sueño le queda por cumplir?

Publicar en inglés en Estados Unidos y conseguir que tenga algo de relevancia. No ver mi libro en inglés en la Quinta Avenida, hacerle una foto y ya, sino conseguir algo como en Italia, donde todas mis novelas se van traduciendo y no son súper bestseller pero van funcionando.