LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Testigo de cargo

Cuando Trump llegó al poder, lo primero que hizo fue incrementar el presupuesto militar. Este movimiento parecía contradecir a su instinto aislacionista primario: alejarse de cualquier conflicto militar. En asuntos de seguridad el dinero no es la única ecuación relevante. Es mucho más importante la planificación, la correcta asignación de recursos finitos y una estrategia definida. A partir de aquí, la historia de amor se ha ido al traste al descubrir que es posible que el presidente tenga instinto político, pero carece del talento y la perseverancia del espíritu castrense.

El primer aviso vino de Siria al haber criticado desde el principio la presencia de tropas allí. Después llegaría la famosa conversación telefónica con el presidente de Turquía y un anuncio precipitado de retirada de tropas. Los militares pueden tener muchos defectos, pero el honor es algo que estiman y abandonar al aliado lo llevan mal. Alguna relevante dimisión asustó al presidente y frenó parcialmente la retirada.

Las carantoñas al mandatario ruso o chino resultan irritantes pero hasta la fecha sus actos recuerdan a una firmeza olvidada. La actitud con Corea del Norte ha cogido a todo el mundo a contrapié, pero la realidad es que, vistos los precedentes, era imposible que pudiera empeorar la situación. Todavía es pronto para saber si ha conseguido algo, pero desde luego lo está intentando.

El problema de ir de duro, (formato John Wayne pero sin su estilo, elegancia o presencia) es que puede que alguien busque comprobar si estás a la altura de tus palabras. Y ese momento ha llegado. Hace un par de siglos la doctrina Monroe dijo a las claras que las potencias europeas se enfrentarían a Estados Unidos si intentaban influir en el continente. La amenaza pasó al hecho con una imponente armada y la predisposición para usarla.

Mucho más tarde, llegó la crisis de los misiles de Cuba y ya sabemos cómo acabó; los rusos lo tuvieron claro. La invasión de las Malvinas fue un paréntesis obligado en la aplicación de la doctrina. Es comprensible la pereza y dudas del presidente sobre Venezuela, pero no tiene la opción de decir pasapalabra. Las sanciones económicas y el reconocimiento a la oposición han pasado a la historia. La presencia de soldados rusos ha dado un salto cualitativo al conflicto. Si Estados Unidos quiere recuperar su capacidad disuasoria debería pensar en una respuesta contundente con Rusia. Llega un momento donde a los gobernantes se les acaba el recurso de la retórica.