LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Aladdin

Los ejecutivos de las grandes multinacionales deberían ser muy cuidadosos de no adentrarse en política. Este límite busca proteger a los accionistas y evitar cruzadas personales con el apoyo empresarial. Esta medida de prudencia se transforma en vital si uno tiene presencia en países con sensibilidades distintas sobre los derechos humanos; en cristiano, dictaduras. La presencia comercial en cualquier territorio debe de ser un objetivo de cualquier empresa con mentalidad ganadora.

Hace unos días, el estado americano de Georgia en asamblea decidió prohibir los abortos nada más se detectara un latido del feto. No hay que ser un genio para intuir que ese hito reducirá de manera extraordinaria el tiempo legal para realizar un aborto. Ya veremos si el Tribunal Supremo coincide en este aspecto.

Este bonito rincón sureño se ha transformado en la meca moderna de las productoras por tener las ayudas más generosas del país, lo cual ha llevado a Disney y Netflix a producir allí. Miles de trabajos, un entorno icónico y una poderosa industria auxiliar le han dotado de una potencia que empieza a minar la hegemonía californiana.

Esta pequeña palanca ha permitido a Rob Iger a expresar su profundo desagrado con dicha legislación y comunicar que su compañía estudia irse a otro sitio. Una amenaza poderosa si diriges Disney (no tengo espacio para enumerar todas las empresas incluidas en el holding) sin ni siquiera cuestionarse si dicha postura defiende los intereses de tus accionistas o la sensibilidad de los consumidores de tus productos.

La incoherencia aflora cuando juzgas sus inversiones en China. Las dimensiones del mercado o a la intimidación de sus políticos alimenta el silencio de los directivos. Nunca se debió permitir que Disney pudiera comprar a la Fox porque el riesgo de que limitase la pluralidad creativa y la libertad ideológica era real. Anteriormente ATT se quedó con Time Warner pese a la oposición de Donald Trump. La fuerza de Estados Unidos no es la dimensión de su mercado sino la pluralidad de empresas.

Los creadores de contenidos prefieren el calor del monopolio y poseen una visión monocolor del individuo. Las plataformas online se equivocan si creen que el poder reside en su capacidad de producir, cuando ésta reside en la satisfacción del usuario y en la oferta. Si priorizan la ideología sobre la libertad de expresión, perderán clientes y se quedarán sin negocio. El incremento de las fusiones empresariales está asfixiando la libertad al reducir el número de personas con influencia real. Primer aviso.


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