Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


El SOS de la España invisible

La España vaciada quiere hacerse hoy visible en Madrid. Y si lo logra será principalmente porque el alcalde de Torrubia (Soria) ha logrado convertirse esta semana en un personaje mediático. Si no fuera porque Raimundo Martínez ha protagonizado una de esas iniciativas que llaman la atención de las televisiones, radios y periódicos de Madrid, el SOS que hoy pretende lanzar el medio rural en la capital de España es muy posible que pasase desapercibido. Y aún así existe todavía el riesgo de que la repercusión nacional que hoy obtenga esta movilización se limite a la anécdota de Martínez y la burra Margarita de haber recorrido a pie durante tres días los casi 70 kilómetros que separan su pueblo de Calatayud (Zaragoza), adonde llegó ayer por la tarde para tomar a las 10 de la mañana de hoy el AVE que le ha de llevar a Madrid para unirse a la manifestación.
Margarita ha sido el reclamo perfecto de una iniciativa cargada de pequeñas dosis de emotividad, rabia e ilusión necesarias para combatir la resignación. La burra y el alcalde han sido señuelos para llamar la atención sobre un problema que afecta a varios millones de personas en España, pero que desde hoy mismo ha de cobrar protagonismo por el problema en sí, grave, de la despoblación de buena parte del interior peninsular. Una dificultad para el día a día que a veces resulta demasiado invisible para la España del progreso, la España moderna, la de las grandes infraestructuras de comunicación y los vertiginosos avances tecnológicos. Un problema que en las grandes urbes interesa bastante poco y sobre el que un urbanita jamás pondrá el foco mientras no se considere un asunto de Estado. De poco sirve que los gobiernos autonómicos de las regiones más afectadas declaren la guerra a la despoblación porque las armas a su alcance van a resultar siempre insuficientes para ganar esa batalla. Se necesita un compromiso —que no una promesa— firme del próximo Ejecutivo nacional para ponerle freno. El problema es que estamos en campaña electoral y se corre el riesgo de un engaño colectivo. Mentir rara vez es castigado en las urnas, por lo que no está nada mal que los promotores de la movilización de hoy en Madrid se hayan anticipado y decidido, al menos, castigar a los políticos impidiéndoles ondear siglas y ocupar la primera fila de la marcha. Incluso muchos de los que hoy van a acudir a título personal deberían preguntarse si de verdad debieran hacerlo.