COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Reflexión profunda en Podemos

El primer paso para atajar un problema es reconocer su existencia. Al menos en Unidas Podemos por un lado y las confluencias por otro, y en quienes representaban los alcaldes del cambio esta vez no se ha enmascarado la situación con subterfugios y todos sus líderes han reconocido el batacazo sucesivo en las cuatro elecciones celebradas en el plazo de un mes, y que sus resultados han sido malos sin paliativos. En algunos casos muy malos numéricamente y peor políticamente.  

A falta del análisis político que realice la dirección en el futuro Consejo Ciudadano, su máximo órgano de gobierno entre asambleas, estos órganos a nivel autonómico han comenzado a estudiar causas y consecuencias de la debacle en su territorio. El primero en dar el paso en la dirección correcta ha sido la organización en Castilla-La Mancha, donde Unidas Podemos ha pasado de ser parte del Gobierno autonómico, la única comunidad en la que accedieron a cargos públicos con Emiliano García-Page de presidente –que en su día se mostró muy crítico con la ‘podemización’ del PSOE pero circunstancias mandan- a ser extraparlamentarios. La decisión de su Consejo de Coordinación ha sido la de dimitir en bloque y pedir la formación de una gestora que se haga cargo de poner en marcha un nuevo proyecto que concite más apoyos. Un camino similar, de reflexión profunda, en este caso sin dimisiones, han emprendido en Asturias donde los cuatro representantes de Podemos y los dos de IU son imprescindibles para dar el gobierno al PSOE.

A estos debate se le añaden las dimisiones sin marcha atrás de varios de los alcaldes del cambio que tras su derrota han decidido abandonar la vida políticas. La primera, Manuela Carmena, quien no obstante está dispuesta a pelear su permanencia a pesar de que los datos no dan de ninguna manera, y queda la duda de un posible pacto entre PSOE y C’s en el que entraran en el bombo el Ayuntamiento de la capital y el gobierno autonómico. Tampoco seguirá el representante de la Marea en A Coruña, Xulio Ferreiro que tras asumir la cuota de responsabilidad en la derrota vuelve a la Universidad, sin tratar de recuperar el poder desde la oposición como han hecho tantos dirigentes –Fernández-Vara es un ejemplo-que se han batido el cobre a las duras y a las maduras, siempre que tuvieran el respaldo de los suyos si de verdad concitaban el apoyo a sus políticas.

Lo lógico, si en política se puede seguir alguna pauta, es que quienes más han perdido dejaran el campo libre y también que quienes están convencidos de las virtudes de su gestión trataran de defenderlas desde las instituciones.  

Por supuesto, muchas de las organizaciones regionales de Unidas Podemos vuelven la vista hacia la dirección nacional cuyos errores estratégicos en los últimos cuatro años han sido clamorosos, sin que los alcaldes del cambio hayan conseguido subyugar a sus vecinos, víctimas de problemas internos y de su escasa altura de miras, lo que ocurre cuando uno piensa en su ombligo o le puede la impaciencia. La consecuencia inmediata de sus fracasos electorales es que Pablo Iglesias, por recomendación de Alberto Garzón, debe olvidarse de su deseo de ser ministro del Gobierno de España. Bastante trabajo va a tener con fortalecer los cimientos de su casa y luego en poner orden en ella, sea quien sea quien la vaya a gobernar.


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