Los primeros de la democracia

Nuria Zaragoza
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21 hombres configuraron la primera corporación municipal de la democracia, elegida por los sorianos en las urnas el 3 de abril de 1979. Algunos de ellos se reúnen para recordar con El Día de Soria aquel momento

Los primeros de la democracia - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez.

‘Solo’ han pasado 40 años desde que trabajaron codo con codo por Soria. Por la democracia. Por la libertad. 
Vicente Valero, Víctor Núñez, Alejandro del Amo y Juan Cascante son cuatro de los 21 hombres que constituyeron, en aquella primavera de 1979, la primera Corporación de Soria elegida en las urnas tras cuarenta años de dictadura. Un militante de la UCD, José Luis Liso Marín, asumió la Alcaldía tras ser la fuerza más votada y obtener ocho concejales. El PSOE fue su compañero de trabajo, con seis. Coalición Democrática (donde estaba la Alianza Popular de Fraga) obtuvo tres;y el Partido Comunista, la Agrupación Electoral Independiente, el Movimiento Ciudadano de Soria y el Grupo Independiente Soriano se hicieron con un sillón cada uno. 
El Día de Soria ha querido reunir a aquellos hombres del primer Ayuntamiento democrático. 40 años después. Algunos ya no están (nueve han fallecido) y otros viven lejos. Yhay quien pasó página y declina la invitación de este medio. Cuatro acuden al encuentro en el salón de plenos. «Todo está igual, menos la imagen del rey», reparan. Evocan aquel abril del 79 en el que debutó la democracia y la conversación desemboca en una palabra: «ilusión». Ilusión por olvidar. Por abrirse. Por ser soberanos para decidir. Por ser libres. Por cimentar el cambio.
«Eran las ganas de libertad, las ganas de que terminara la verticalidad que había hasta entonces. Éramos gente con ilusión, con ganas de trabajar por nuestra tierra, y punto», sintetiza Del Amo sobre lo que les movió a dar ese paso al frente. «Había un sentimiento mayoritario por parte de la gente que era olvidar la dictadura. Fue el motivo de mucha gente para presentarse a la política», añade Valero. «Hacer algo por Soria, nada más», complementa Cascante. De hecho, advierten, la mayoría tenían sus propios negocios o empleos y habían llegado a la política «por Soria» pero no por interés personal ni vocación. Salvo Núñez, matiza él mismo, que recuerda su época universitaria en Zaragoza, donde «era muy político todo». «Lo vivía con gran ilusión. Porque poder votar por un partido político era el súmmum, y que no te arreara la policía por la calle era el súmmum...». 
Núñez no era el único edil con carga política. «Aquella Corporación era mezcla, porque había históricos que incluso habían tenido actividad en la clandestinidad, como Pedro Marrón, y, luego, gente muy joven, como yo, que tenía 22 años. Pero en todos había mucha ilusión, muchas ganas de trabajar, muchas ganas de cambiar las cosas... Y probablemente había poca experiencia porque todo resultaba nuevo, pero le echábamos  muchas horas y muchas ganas», apunta Carmelo Irigoyen, quien atiende la llamada de El Día de Soria desde Valladolid, donde reside. Luis Castro, desde Salamanca, recuerda también que esas elecciones fueron su estreno en la representación institucional pero no en la actividad política, donde ya acumulaba años militando en el PC e, incluso, había estado preso por defender sus ideales. Su experiencia municipal fue limitada por temas laborales y al año fue sustituido por Mónico Vicente, si bien los recuerdos que guarda, «en el plano personal», son «muy buenos». Todo un logro teniendo en cuenta sus acalorados encontronazos con Fidel Carazo, rememora. No fue el único. «Coincidíamos perfectamente, sobre todo UCD y PSOE, y trabajábamos todos juntos. Teníamos buena relación y no había problemas, salvo con Carazo», indica Núñez en la misma línea. Entre risas recuerdan algunos de los duros capítulos que vivieron con el concejal de Coalición Democrática. «En un pleno tuvimos que salir escoltados», recapitulan. Carazo era quizá la nota más crítica en una corporación en la que, armonizan todos, primaba la «buena relación»y el trabajo conjunto. Era la baza. Porque todo lo demás estaba por aprender y, además, los recursos eran muy limitados en el Ayuntamiento y no eran tiempos especialmente fáciles para hacer política. Aluden a ETA, al 23-F donde algunos pasaron «miedo»... Afortunadamente, «aquí había unidad», reparan. Y «el rey fue muy tranquilizador», añaden.
«Podíamos discutir en las comisiones o el pleno pero luego éramos amigos. Tengo buen recuerdo incluso de gente lejana a mí ideológicamente como Mónico», destaca Luis Jiménez. Porque, justifica, «aunque era una Corporación cargada ideológicamente, no había intereses materiales de nadie. La ilusión era hacer algo por Soria, nada más», sentencia Jiménez, a quien un viaje le impide acudir al encuentro con sus compañeros. Él se centró en el urbanismo de la ciudad, motivado por su profesión (arquitecto). Pero no estuvo solo en este reto. «Hicimos muchas cosas y, además, toda la Corporación a uno. Aunque hubiera comisiones, a muchos sitios íbamos todos, porque estábamos todos implicados», recalca Núñez. 
Fue labor de esta primera Corporación la conversión de Los Pajaritos en zona deportiva, donde recuerdan los esfuerzos que hubo que hacer para convencer de la construcción del puente sobre la vía del tren que permitía unir la ciudad. La alternativa, rememora Valero, era llevar el estadio a Valonsadero, y no gustaba. 
De esa época es también «la residencia de la Seguridad Social», menciona Valero, que hace un apunte con ‘dardo’ a los políticos que vinieron después:«Para la carretera Valladolid-Soria (la autovía del Duero) llevan 20 años. Fue increíble la rapidez con la que se hizo esa residencia, y eso que no había ni una peseta». Agradece la mediación de «don Adolfo Suárez», quien inauguró el edificio sanitario. De esa obra se acuerda bien también José María Páez Valgañón, quien nos atiende desde Madrid, donde reside. Psiquiatra de profesión, asume que «la política no era lo suyo», por lo que «traté de hacer política desde mi trabajo». «Nos habían metido en un hospital que había sido planteado para tuberculosos [el Virgen del Mirón]» y «trabajamos duro por conseguir un hospital nuevo». Su idea de trabajo era clara:«Había que cuidar al pobre y ayudar al rico para que ayudara al pobre». Tan clara, que aún la mantiene, asegura este riojano de nacimiento que permaneció en Soria durante 17 años. A sus 86, no tiene duda:«Los  años más felices de mi vida fueron allí, en Soria». No en vano, esta tierra aún aparece en los cuentos que escribe. 
A aquella corporación corresponde también la pavimentación del Collado y el cierre al tráfico el centro. Cascante eran entonces «concejal de Tráfico y de Policía» y lo recuerdo bien. Buen conocedor de esta materia, reconoce que no le han gustado algunas obras que se han hecho después, como el parquin de Mariano Granados. Del Amo y Valero discrepan y creen que esta obra «faraónica» es una «maravilla» que«ya quisieran en Madrid». Al margen de estas cuestiones, en lo que coinciden es en que Soria ha evolucionado bien y «ahora mismo Soria es un lujo. Una ciudad limpia, cómoda, con buenos servicios, que hierve la cultura, con inquietud por el medio ambiente, con actividad...», resalta Núñez. «La ciudad está viva», añade Del Amo. Social, cultural y deportivamente, apunta Valero. 
Mérito de este equipo y de esa época es también el Aula Magna, empeño personal de Núñez para la ciudad. El que fuera también presidente de la institución provincial casi la tuvo que hacer a escondidas. «En la Diputación, todo lo que era cultura y no era carreteras y pueblos, no me apoyaban (salvo mi grupo). Así que se hizo casi en secreto», recuerda. Y, seguido, hace un apunte más para explicar cómo se financió: «Todos los jueves me iba a Madrid y todos los jueves me puse como finalidad traer dos millones de pesetas para Soria. Con eso se hizo el Aula Magna y, también, las residencias de ancianos», recuerda. 
No eran tiempos fáciles para obras grandiosas. Entre otras cosas, porque no había dinero y los presupuestos eran muy limitados. De hecho, «el primer año aquí no se cobró nada», concreta Cascante. «Es que había tantas necesidades...», apunta Núñez, quien aún recuerda las 700 pesetas que recibía por presidir una comisión. Eso sí, contaban con la ayuda del pesonal muncipal:«Eran cuatro, pero muy competentes», destaca Cascante. Y recuerda el nombre de algunos... «Domingo Ciria era un profesional impresionante, y Calonge». 
Y con ello, volvemos al inicio. El compromiso. La ilusión. «Para mí, lo más importante fue, por encima de las cosas realizadas (que fueron muchas), el ambiente positivo de la Corporación, la lucha por los intereses de Soria y la unión de los partidos para llegar a acuerdos necesarios para la ciudad», resalta Del Amo. «Había compañerismo», añade Núñez. «Y lealtad», puntualiza Valero. 
En medio queda un intenso debate sobre la política actual, sobre la ciudad que había y la que hay, sobre la Constitución, Cataluña... Pero eso lo dejamos ya para las bodas de oro...