SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Quién quiere ser político

En los minutos finales de la campaña electoral parece una cuestión absurda la del titular, si bien sería lo  lo más correcto  preguntarse ¿quién ‘puede ser político?
En principio es más fácil, y los porcentajes lo acreditan, para los empleados púbicos , en especial los que tienen estatus de funcionario. Pueden dar el salto a la cosa pública y dejarlo en un momento dado sin mayores estragos para su economía volviendo a su trabajo originalsin perder retribuciones ni antiguedad. Además, las instituciones y organismos suelen ser bastante laxos, esa es la verdad, a la hora de controlar las idas y venidas del concejal, el procurador o cualquier otro cargo electo. Sin embargo el empresario desatiende su negocio, el autónomo otro tanto y el trabajador por cuenta ajena suele tener complicaciones con su  patrón que acaba hasta el gorro de comisiones plenos y demás reuniones. 
Luego tenemos otros matices que nos llevan directamente a la comprensión de las intrigas que hay en el seno de los partidos y que tienen mucho que ver con este asunto. Hay quien hace de la política su modo de vida y quedar excluido de las listas o del reparto de cargos posteriores, si se logra gobernar, se traduce en una situación de estrés difícil de asumir. Si a ello sumamos que a muchos les gusta más el protagonismo que a un burro las berzas, supone para él ex político un drama personal difícil de asumir.
También están los ciudadanos muy cualificados y bien pagados que incluso, en un momento dado pierden ingresos si se dedican a la política. En estos casos enseguida se siembra la sospecha ‘¿qué querrán?’, y así llegamos a lo que se denomina la erótica del poder, que suele compensar esa pérdida, sobre todo si se acompaña con la expectativa de que las grandes empresas lo nombren luego consejero o lo que sea. Siempre y cuando claro, haya favorecido desde el poder sus intereses. Eso que se ha venido llamando últimamente ‘puertas giratorias’
Total que los ciudadanos siempre recelamos y en este escenario, ¿quién dirían ustedes que quiere o puede ser político y porqué?. Quisiera pensar que los hay con vedadera vocación de servicio público. Estos días todos lo proclaman, pero es tan generalizado el discurso que suena música celestial en el mal sentido de la palabra.
No es el caso de la última corporación pero las ha habido en la capital con el 80 por ciento de concejales con plaza fija en la administración. Con esto no quiero decire que sea bueno o malo, sólo pretendo reflexionar sobre lo difícil que resulta este ejercicio, sujeto a críticas y presiones para los que, además, se pueden estar jugando el futuro para el resto de su vida.


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