SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Haberlas, haylas

Decimos adiós a la luna llena. Empieza ya su fase menguante. Ay que ver cómo nos influye y condiciona la luna llena. Solo hay que echar la vista atrás. ¡Vaya semanita! Yo que soy muy despistada con las fechas, no tengo que consultar el calendario lunar ni mirar al cielo para saber cuándo el satélite está en su fase apoteósica. Lo noto. Lo siento. Y si no lo percibo en mi propio estado anímico y físico, solo tengo que fijarme un poco en la vida para saber que hay luna llena: un perro encuentra huesos humanos en la ladera del Castillo, vuelca una máquina en las obras del Hospital Santa Bárbara, hieren con un machete a un joven en la Calle Ramillete, muere un señor de un infarto en un mitin de la PPSO, roban en una vivienda en Almazán. ¿Casualidad? Es el influjo de la luna llena, créanlo. No es broma ni ciencia ficción. Ahora que ya está menguando todo se calmará, estaremos tranquilos otras tres semanas. Nos esperan pocas sorpresas. 
Recuerdo perfectamente a la matrona que preparó mi primer parto y eso que se han pasado ya casi diecinueve años. Parece que la estoy oyendo. Decía que cuando llegaba la luna llena, se juntaban todos los partos: los que tocaban por fecha de cumplimiento y los que no, se adelantaban. Así es la luna llena. Nos empuja a nacer. Provoca acontecimientos no previstos. Revuelve la vida como si fuera un torbellino que centrifuga a personas y cosas. No es de extrañar que muchos escritores y cineastas hayan jugado tanto con los efectos de la luna llena. Tiene un poder de influencia asombroso.
Los políticos deberían fijar las fechas importantes, como los comicios electorales, en función del calendario lunar, para evitar sustos mayores. Las de este domingo 26 de mayo van a coincidir con la luna menguante, igual que las Generales. Si las elecciones llegan a celebrarse en plena luna llena, podría ocurrir cualquier imprevisto: que el alcalde de Soria deje de serlo, que la candidata del PP arrase, que los partidos minoritarios se conviertan en mayoritarios o que los electores nos quedemos en casa en vez de ir a votar cansados y hartos de tanta promesa repetida, fantasiosa o improvisada; mítines y carteles afeando toda la ciudad. Un mensaje de tranquilidad para todos aquellos que han hecho sus porras. No teman. La luna menguante no tiene ningún poder que se le conozca, así que lo más probable es que el alcalde siga siendo alcalde, el PP fracase y los partidos minoritarios se conformen con los cinco por ciento que puedan.  Y aunque no tendremos luna llena; no me extrañaría nada ver en la noche electoral, a partir de las doce, cuando el escrutinio sea prácticamente definitivo, a algún candidato convertido en hombre lobo o a alguna candidata sobrevolando los tejados con su escoba. Que las meigas haberlas, haylas. 


Las más vistas