PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Las elecciones olvidadas

No recuerdo una campaña electoral municipal con tantas entrevistas a alcaldables, tantos debates entre candidatos y tanta presencia en las calles. Se percibe mucho interés en las elecciones municipales quizá por venir de unas recientes elecciones generales. Pero no parece que haya el mismo interés en las elecciones autonómicas y mucho menos en las europeas.
Nunca las elecciones a representantes en el Parlamento Europeo han tenido amplia participación. Se alcanzó un máximo en el año 1987 (65.82%) quizá por la novedad ya que fueron las primeras, pero las tres últimas convocatorias (años 2004, 2009 y 2014) han tenido muy poca participación (45.14%, 44.87% y 43.81% respectivamente). Quizá este año mejore al celebrarse a la vez que las otras dos.
Probablemente la poca participación se deba al insuficiente conocimiento de las tres funciones principales del Parlamento Europeo: aprobar, junto con el Consejo, la legislación europea (y permitir, o no, que nuevos países entren a formar parte de la Unión), ejercer el control de las instituciones de la Unión Europea (aprobando el nombramiento de los comisarios y supervisando el trabajo del Consejo) y, lo que es aún más importante, decidir, junto con el Consejo, el presupuesto europeo (supervisando cómo se efectúa el gasto) que en 2019 asciende a 166.000 millones de euros. ¡Vaya si tienen trascendencia sus actuaciones!
El próximo Parlamento Europeo tendrá que enfrentarse a los importantes problemas que padece la Unión. Empezando por el euroescepticismo (que ha existido desde la creación de la Unión pero que ha aumentado desde la crisis del 2008), siguiendo por el miedo al terrorismo yihadista (latente en todos los países de la Unión por los atentados sufridos), la crisis migratoria (ante los miles de personas que cruzan el Mediterráneo, falta una respuesta global en vez de que cada país solucione sus problemas de manera independiente), la posible salida del Reino Unido (aunque cada día aumenta la división en la sociedad británica sobre las consecuencias del “brexit”) y la reactivación económica equilibrada progresando en las ayudas sociales (la salida de la crisis ha sido muy desigual, dejando desprotegidos grandes sectores de la población. El énfasis en la macroeconomía y en la creación de mercados nuevos ha dejado un poco de lado las necesarias políticas sociales compensatorias: los avances no se han visto reflejados en los bolsillos de los ciudadanos europeos).
La Unión Europea es la suma de cuatro instituciones: la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Consejo de Ministros y el Consejo Europeo aunque la autoridad sigue en manos de los gobiernos nacionales con decisiones concertadas con las anteriores instituciones. Y me temo que se encuentra en una situación complicada. O evoluciona hacia una verdadera unión política exterior (los riesgos de seguridad –ciberterrorismo, terrorismo o crimen organizado- son globales y no se pueden afrontar de manera eficaz únicamente desde la soberanía nacional) y económica (creando una unión bancaria para reforzar la unión monetaria) o retrocede hasta un conjunto de estados que se mirarán con desconfianza. Necesitamos una Europa fuerte y unida; es difícil crear una identidad común europea a partir de una amplia diversidad histórica y cultural pero es indispensable para mantener el proyecto europeo.
Esto nos jugamos en estas elecciones. Espero haberos convencido de la necesidad de ir a votar.



Las más vistas

Carta del Director

La extraña pareja

En el Burgo parecen decididos a hacer frente a las recomendaciones de Madrid. El presente de un territorio también se escribe con interpretaciones fuera de guion como las protagonizadas por Navas y Cobo

Opinión

La cacharrería

En vez de reconstruir el destrozo que heredó de su antecesora, Yolanda de Gregorio ha ido convirtiendo la sede de la calle Almazán en esa cacharrería en la que se han perdido los valores